Florencia Ferraggine y Martina Lupo
Un vuelo hacia el oro: la historia detrás de una triple consagración sudamericana
La profesora y gimnasta Florencia Ferraggine y su alumna Martina Lupo, de apenas 11 años, vivieron en Paraguay una experiencia inolvidable. Martina consiguió tres medallas de oro en el Campeonato Sudamericano de Niveles USAG 2026 y, detrás del resultado, hay años de entrenamiento, sacrificio, miedos superados y un vínculo construido dentro del gimnasio.
Hay historias deportivas que se explican a través de una medalla y otras que necesitan mirar mucho más atrás. La de Florencia Ferraggine y Martina Lupo pertenece a este segundo grupo.
Una tiene 28 años y lleva prácticamente toda su vida vinculada con la gimnasia artística. La otra tiene apenas 11 y acaba de vivir una de las experiencias más importantes de su todavía corta trayectoria deportiva. Entre ambas existe un vínculo que excede la relación entre entrenadora y alumna: horas de entrenamiento, objetivos compartidos, frustraciones, aprendizajes y la convicción de que en la gimnasia, antes que cualquier medalla, hay que construir las bases.
En el Campeonato Sudamericano de Niveles USAG “Asunción 2026”, desarrollado entre el 2 y el 5 de septiembre en Paraguay, ese trabajo tuvo su recompensa. Martina Lupo, representando a S.ER. Gimnasia Artística y Club El Riojano, se consagró triple campeona sudamericana, al quedarse con el oro en All Around, barras asimétricas y suelo. Además, obtuvo el tercer puesto en viga y terminó quinta en salto.
La competencia reunió a más de 500 participantes de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Paraguay, en una verdadera fiesta de la gimnasia artística sudamericana.
Pero para entender qué significa ese resultado hay que conocer primero la historia de Florencia.
Una gimnasta que nunca pudo alejarse del deporte
Florencia Ferraggine nació en Tandil en 1998 y llegó a la gimnasia casi de casualidad. De chica, su familia buscaba una actividad que pudiera canalizar su enorme energía.
“Desde muy chica me mandaron a hacer deporte porque el médico decía que era muy hiperactiva. Primero hice patín, pero como el grupo no era acorde a mí decidieron llevarme a probar una clase de gimnasia. Volví encantada”, recuerda.
La gimnasia ya formaba parte de su familia. Su hermana, Silvina Migueltorena, fue la primera gimnasta de Tandil en clasificar a un campeonato nacional de gimnasia artística. Y también estaba la historia de su madre, que durante su infancia en el campo soñaba con practicar un deporte, aunque en aquella época hacerlo era prácticamente un lujo.
“Mi mamá me contaba que se colgaba de una soga que tenía en el galpón y se balanceaba haciendo una salida mortal. Creo que la gimnasia siempre estuvo de alguna manera en nuestra familia”, cuenta.
Florencia comenzó en el CIRET y luego continuó su formación cuando su entrenador, Alfredo Sachetto, pasó a desarrollar su actividad bajo el nombre de Acrobacias Serranas.
“Al año ya me habían pasado al grupo de competencia porque tenía muchas condiciones. La gimnasia fue mi vida durante todos estos años. Pasé por momentos buenos y malos, pero nunca abandonar fue una opción”, afirma.
De gimnasta a profesora
Durante años entrenó cuatro horas diarias y dedicó buena parte de sus fines de semana a las competencias. En ese camino tuvo como referentes a Alfredo Sachetto y Mercedes Roca.
“Fueron mis papás durante muchos años. Prácticamente vivía más horas con ellos en el gimnasio que en mi propia casa. Ellos me enseñaron todo lo que soy hoy, especialmente los valores del deporte”, sostiene.
Aunque inicialmente había pensado estudiar Psicología, las posibilidades de continuar una carrera universitaria sin dejar Tandil la llevaron hacia otro camino.
La docencia apareció casi sin buscarla.
“Cuando tenía 15 años empecé como ayudante con nenes de 3, 4 y 5 años y terminó encantándome. Nunca me había imaginado dando clases de gimnasia”, relata.
Con el tiempo, aquella actividad que comenzó como una ayuda se convirtió en una profesión. Hoy es profesora de Educación Física y de Gimnasia Artística, además de continuar compitiendo.
El desafío de ser su propia entrenadora
La gimnasia también le enseñó a convivir con una particularidad: hoy Florencia ocupa simultáneamente los dos lados del gimnasio. Es gimnasta y entrenadora.
“Actualmente, siendo mi propia entrenadora, trato de disfrutar. Siempre busco el error para poder corregirlo y mejorar. Es difícil ser tu propia guía porque todo depende de vos, tanto el error como la satisfacción”, explica.
Y reconoce que la autoexigencia es uno de sus principales desafíos.
“Trato de no ser tan autoexigente, aunque a veces obviamente no sucede. A nadie le gusta perder”, admite.
El miedo: primero propio, después ajeno
En la gimnasia artística, dominar el cuerpo es apenas una parte del desafío. La otra batalla ocurre en la cabeza.
Florencia conoce esa sensación desde adentro y ahora debe ayudar a sus alumnas a atravesarla.
“Considero que ambas cosas son complejas porque manejar los pensamientos y la cabeza es lo más difícil, sobre todo la propia. Pero con las alumnas se vuelve desafiante porque, si bien muchas cosas las viví, es difícil controlar lo que le pasa al otro o tratar de entender cómo se siente”, explica.
Y agrega una reflexión que resume buena parte de su manera de enseñar:
“Yo puedo decirles las mejores palabras del mundo, pero si ellas no confían en sí mismas y no son capaces de manejar sus propios pensamientos, no hay nada que podamos hacer desde nuestro lugar”.
Lo que no se ve detrás de una medalla
Para Florencia, los 90 segundos de una rutina son apenas la parte visible de una historia mucho más larga.
“Todos ven lo más hermoso, que es la rutina, pero lo que nadie ve son las horas de entrenamiento en las que las cosas no salen, los días que no tenés ganas de ir a entrenar y vas igual, las veces que te perdés cumpleaños o eventos porque al otro día tenés que entrenar”, describe.
También están los cuidados, las frustraciones y las renuncias.
“Es el esfuerzo invisible que hay detrás de una medalla o de un puesto. Eso es lo que realmente nos define como deportistas”, afirma.
Ella misma recuerda uno de los elementos que más le costó aprender: una flotante a vertical en paralelas. Hoy se la enseña a sus alumnas.
“Seguramente sus procesos sean más rápidos que el mío. Todo depende de las particularidades de cada gimnasta”, sostiene.
Volver a competir después de alejarse
La propia Florencia atravesó un período en el que se alejó de la competencia debido a los estudios, el trabajo y las exigencias de la vida cotidiana.
Pero nunca logró desprenderse completamente de la gimnasia.
“Siempre que pude volví a competir. El año pasado, cuando abrí mi gimnasio, todos empezaron a incentivarme para que volviera y volví”, cuenta.
A los 28 años, competir nuevamente representa un desafío físico y mental.
“Es algo que amo mucho y daría lo que fuese por volver unos años atrás y seguir disfrutando este deporte. Soy una agradecida de que todavía el cuerpo me acompaña y me permite hacerlo”, reconoce.
Aunque también admite que sostener el ritmo no resulta sencillo.
“Hay días en los que no tengo ganas de entrenar porque trabajo muchas horas y es difícil mantener el ritmo de la gimnasia. Es un deporte que requiere continuidad y horas”, explica.
Martina y el sueño que se convirtió en realidad
Del otro lado está Martina Lupo. Tiene 11 años y acaba de regresar de Paraguay con tres medallas de oro.
Cuando se le pregunta qué fue lo primero que pensó al saber que era campeona sudamericana, responde con la naturalidad de una niña que todavía está procesando lo que acaba de vivir:
“No lo puedo creer, todo el esfuerzo valió la pena”.
Martina sabe que el desafío no es solamente entrenar. También hay que compatibilizar el deporte con el colegio y la vida social.
“Trato de organizarme con las tres cosas, aunque a veces es un poquito complicado. Mi momento favorito del día es cuando llego a mi casa y me doy cuenta de que pude hacer todo lo que me propuse y me gusta”, cuenta.
El miedo a la viga
Como toda gimnasta, Martina también tuvo que enfrentarse a sus propios temores.
“Lo que más miedo me daba era hacer la medialuna en la viga. Pero también sabía que tenía que enfrentar ese miedo para poder completar mi serie. Gracias a eso lo pude superar”, relata.
Para ella, justamente allí está una de las razones por las que la gimnasia artística resulta tan especial.
“Es un deporte que te ayuda a descubrir cosas que ni vos sabías que podías hacer, superar miedos, encontrar muchas amigas nuevas y conocer distintos lugares”, explica.
Paraguay: “Fue como una película”
Florencia y Martina compartieron en Asunción una experiencia que difícilmente olvidarán.
“Vivimos esta experiencia en Paraguay como un sueño. Estar ahí fue como una película. Desde la organización hasta los aparatos y las medallas, todo fue excepcional”, cuenta Florencia.
El resultado de Martina no fue producto de la casualidad. Según explica su entrenadora, llevan aproximadamente un año trabajando especialmente en la técnica y en la calidad de cada elemento.
“Con Martina venimos trabajando hace un año, mejorando su técnica y su calidad. Siempre estamos buscando la excelencia. En este torneo pudo hacer todo lo trabajado y eso la llevó a ganar sus medallas. Más que merecido por su esfuerzo y sacrificio”, destaca.
Ahora el objetivo vuelve a cambiar.
“Tenemos que enfocarnos en lo próximo para que pueda llegar a su primera clasificación a un Nacional. A seguir trabajando como siempre, pasito a pasito, sin apresurarnos, para generar bases sólidas y que el día de mañana pueda disfrutar del alto rendimiento de la mejor manera posible”, explica.
“Paso a paso”
Si una nena de seis años ingresara hoy a su gimnasio en Balcarce y le dijera que sueña con llegar algún día a un Sudamericano, Florencia no comenzaría hablándole de medallas ni de competencias.
“Primero le diría que vaya paso a paso, que con esfuerzo y constancia todos los sueños se cumplen y que nunca hay que dejar de intentarlo”, responde.
Y quizás allí esté la mejor explicación de lo que representa este logro.
Porque el triple oro de Martina en Paraguay es, al mismo tiempo, una conquista personal y el resultado visible de un proceso que comenzó mucho antes: en las horas de entrenamiento, en los miedos enfrentados, en las veces que una rutina no salió, en los días en que hubo que volver a empezar y en la decisión de seguir intentando.
Para Florencia, la historia continúa. Para Martina, recién comienza.
Más Entrevistas
- 05-09-2026 La Ideal cumple 90 años: una historia de esfuerzo, legado y afectos que se renueva en Balcarce
- 29-08-2026 Del amor de mamá a la pasión por el fútbol: una historia que se juega en familia
- 22-08-2026 “Queremos que cada niño sienta que hay adultos que lo esperan, lo escuchan y creen en su futuro”
- 15-08-2026 Antonia: la vaca que creció entre perros, se convirtió en parte de una familia y todas las tardes espera a quien le salvó la vida
- 08-08-2026 Una vocación que trascendió las aulas: enseñar para incluir y transformar
- 31-07-2026 "Ser DJ es saber leer a la gente": Adrián Dimuro y más de tres décadas haciendo bailar a distintas generaciones
- 25-07-2026 Aprender para transformar: el ejemplo de una escuela rural que moviliza a toda una comunidad
- 18-07-2026 "La inteligencia artificial podrá generar imágenes, pero nunca reemplazará el sentimiento de un artista"
- 11-07-2026 La Asociación Italiana celebra 146 años: "Nuestro mayor sueño es que las nuevas generaciones hagan propia esta historia"
- 04-07-2026 "Fui muy feliz siendo docente": María José Ramos se despidió de las aulas tras más de tres décadas de vocación