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Comercio histórico

La Ideal cumple 90 años: una historia de esfuerzo, legado y afectos que se renueva en Balcarce

Redacción Vanguardia

La tradicional mercería balcarceña cumplió nueve décadas de historia y comenzó una nueva etapa en su nuevo local. Carolina Calvo, quien hace 15 años tomó la responsabilidad de continuar con el negocio, repasó el camino recorrido, los momentos difíciles, el vínculo con generaciones de clientes y los desafíos de sostener una marca que forma parte de la identidad comercial de la ciudad.

 

Hay comercios que trascienden su función y terminan convirtiéndose en parte de la historia cotidiana de una ciudad. La Nueva Ideal es uno de ellos. El 1 de agosto de este año cumplió 90 años y lo hizo atravesando una nueva etapa: después de décadas en su tradicional ubicación, la mercería se trasladó a un nuevo espacio pensado para continuar creciendo sin perder la esencia que la convirtió en un punto de referencia para varias generaciones de balcarceños.

Detrás de esos 90 años hay una historia de trabajo, cambios y también de personas que fueron tomando la posta. Carolina Calvo forma parte de La Ideal desde hace casi 24 años y hace 15 asumió el desafío de hacerse cargo del negocio. Lo hizo en un momento complejo, con pocos recursos y una enorme responsabilidad: sostener una mercería que ya tenía una historia construida y una clientela fiel.

Con el paso del tiempo, aquel desafío se transformó en un proyecto familiar y laboral que hoy tiene como protagonistas a un equipo integrado por Carolina, Martín, Vero y su hermana, además del acompañamiento permanente de los clientes.

En una entrevista con La Vanguardia, Calvo repasa cómo nació su vínculo con La Nueva Ideal, qué significó recibir el legado de sus anteriores propietarios, las dificultades de los primeros años, la transformación del rubro y el vínculo especial que se construyó con quienes, generación tras generación, siguen eligiendo el comercio.

—¿Cuál es el secreto para que un negocio tradicional de Balcarce se mantenga en pie y firme frente al paso del tiempo?                              

—Su fundador, Esteban Paget, fue un visionario. Armó un negocio acorde con lo que la época necesitaba y trajo productos que en ese momento no se conseguían en otros lugares. De esa manera fue construyendo una reputación intachable, de la que todo el mundo habla maravillas. Ese camino lo continuaron su hijo Oscar y su nieto Leandro. Pero, por esas cosas de la vida, el legado de sangre se cortó y nos tocó a nosotros seguir sosteniendo este camino. Hoy este legado se mantiene en pie gracias al equipo de trabajo que formamos con Vero, Martín, mi hermana, que siempre nos ayuda, y yo. Tratamos de brindar lo mejor. Creo que lo fundamental es escuchar a la gente, mantener siempre la confianza y cuidar a esta clientela tan fiel que tiene el negocio. Ellos son el pilar fundamental.

—Son 90 años de historia y hace 15 les tocó continuar ese camino. ¿Qué sintieron cuando tuvieron que asumir la responsabilidad de cuidar un legado tan grande?

—Leandro me dijo un día que me vendía la mercería y que, para él, no había nadie que se la mereciera más que yo. Para aceptar sabía que me iba a quedar sin nada: sin el auto, sin ahorros y endeudada. Pero acepté igual el desafío. Para muchos eran cuatro paredes antiguas; para mí era un tesoro que la vida me había dado para que lo cuidara. En ese momento, con Martín, el papá de mi hija, éramos pareja. Él me dijo que me iba a apoyar y me dio una mano enorme. Me ayudaba con algunas cuestiones administrativas y también atendía un rato a la tardecita, porque tenía otro trabajo. Eso me ayudaba muchísimo.

No se podía poner una empleada porque faltaban muchas cosas y había que volver a surtir el negocio. Así que me las arreglé durante dos años sola, hasta que pudimos incorporar una empleada y después una segunda. Si bien con Martín ya no estamos más como pareja, seguimos trabajando juntos.

—De haber sido empleada pasaste a hacerte cargo del negocio. ¿Qué fue lo más difícil de esa transición y qué cosas de la esencia de la mercería decidiste mantener sí o sí?

—Antes de que tuvieran que venderla, puse todo de mí para mantenerla abierta. Trabajaba sin sueldo y ponía los pocos ahorros que tenía para comprar lo que podía. Mi hermana me acompañaba a Mar del Plata y me prestaba su tarjeta para comprar mercadería. Algunos proveedores también confiaron en mí y me fiaron lencería. Lo más difícil de la transición fue completarla, porque había muy poco. Hay cosas que se sostienen con amor cuando otros se irían. Son esfuerzos silenciosos que no se aplauden porque no se ven, pero que a la larga tienen su recompensa. Y lo que intenté mantener siempre fue la esencia: tratar de tener lo que la gente busca, brindar una buena atención, mejorarla y seguir creciendo.

—Este aniversario los encuentra comenzando una nueva etapa en una nueva casa. ¿Qué significa para ustedes este nuevo espacio? ¿Es el premio al esfuerzo de tantos años?

—Sí, puede ser, pero si es un premio, es algo que logramos entre todos. Nosotros ponemos el trabajo, pero sin la gente que nos apoya, nos acompaña y confía en nosotros siempre, no podríamos haber llegado hasta acá. El esfuerzo no fue solamente nuestro. Es el fruto del trabajo de mucha gente: desde los dueños anteriores hasta la clientela que viene de generación en generación y todas las personas que pasaron por acá. Todos son parte de esta historia. Cambió el escenario. Es un local más lindo, más iluminado y pensado para la comodidad de todos, pero la esencia sigue siendo exactamente la misma. Sentimos un orgullo enorme y la felicidad de saber que este paso adelante es el fruto compartido de tantos años.

—Una mercería guarda historias, secretos de costura y charlas. ¿Qué vínculo tienen con las clientas? ¿Hay familias que vienen desde hace generaciones?

—Es increíble cómo la gente viene de generación en generación. Acá hemos visto muchas abuelas que hoy ya no están, mujeres embarazadas que hoy tienen hijos adolescentes, chicos que venían de pequeños y que hoy ya son padres. Conocemos a mucha gente. Algunas personas por ahí dejaron de coser, pero a veces pasan a saludarnos o nos mandan saludos. Uno se encariña. A veces nos cuentan sus cosas, se desahogan con nosotros. Cuando hace poco tiempo pasé por un problema de salud, venían a preguntar cómo estaba, me mandaban saludos o me escribían para saber si necesitaba algo. Son increíbles. Yo siempre digo que este negocio tiene la clientela más fiel y más linda de todas.

—De los hilos y botones de antes a la actualidad. ¿Cómo cambió la mercería en estos 24 años y cómo se adaptaron sin perder la esencia?

—Cuando empecé a trabajar ahí veía que se compraba mucho de lo clásico. Pero para mí la mercería es un rubro muy dinámico, donde siempre aparecen cosas nuevas y las tendencias van cambiando. Por eso decidimos sumar y ampliar distintos sectores. Ampliamos el área de mercería, recuperamos el sector de lanas e hilos para tejer y ampliamos mucho la lencería, incorporando nuevas líneas de las marcas que ya trabajábamos y también otras nuevas. Hoy tenemos opciones para todas las edades y cuerpos, tanto para hombres como para mujeres, niños y adultos. También ampliamos el sector de medias y pijamas. Aunque nos hayamos cambiado de espacio, los muebles antiguos siguen ahí, con sus rayas y sus vetas que cuentan historias. Fueron restaurados y adaptados porque, para mí, ellos son el alma de La Ideal.

—Mirando hacia adelante, ¿con qué sueñan para lo que viene? ¿Qué les dirías a quienes te acompañan en este camino?

—Sueños siempre hay, pero se trabajan y hay que esperar el momento justo. Por lo pronto, queremos seguir creciendo y tratando de dar lo mejor. A veces nos dicen: “Si no lo encontramos acá, no hay en ningún lado”. No siempre podemos tenerlo todo, pero si hay algo que no tenemos, intentamos conseguírselo. Por último, quiero agradecer en nombre de todo el equipo de trabajo, porque acá sí hay un equipo: Martín, Vero, y mi hermana, que siempre nos da una mano. Gracias por elegirnos y por acompañarnos durante todos estos años. Si llegamos hasta acá fue gracias a ustedes. Mantener un negocio de pie durante tantos años no es fácil. Gracias de corazón por ser parte de nuestra historia.

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