Gisele Cañete, futbolista
Del amor de mamá a la pasión por el fútbol: una historia que se juega en familia
Tiene 37 años y hace cinco temporadas decidió cumplir una cuenta pendiente: jugar al fútbol en Primera División. El último fin de semana alcanzó los 100 partidos oficiales con Amigos Unidos, convirtiéndose en la primera futbolista del club en llegar a esa cifra en los torneos organizados por la Liga Balcarceña. Mamá de tres hijos, comparte además la cancha con su hija mayor. Una historia de pasión, perseverancia y la certeza de que no hay edad para hacer realidad un sueño.
Hay historias que trascienden un resultado, un partido o una estadística. La de Gisele Cañete es una de ellas. A los 37 años, cuando para muchos podría parecer que determinadas oportunidades ya pasaron, ella decidió hacer realidad una pasión que la acompañó desde chica: jugar al fútbol.
Su vínculo con la pelota comenzó en el barrio, junto a su papá, hermanos y primos. Durante su infancia no existían las escuelas de fútbol femenino como las que hoy funcionan en la ciudad y aquella posibilidad quedó pendiente. Hasta que, ya adulta, encontró la oportunidad de volver a intentarlo.
En octubre de 2021 llegó el debut en la Primera División Femenina de Amigos Unidos. Cinco años después, Gisele alcanzó los 100 partidos oficiales, convirtiéndose en la primera jugadora del club en conseguirlo en competencias organizadas por la Liga Balcarceña.
Pero la historia tiene un capítulo todavía más especial: su hija mayor, de 18 años, también juega con ella. Mientras tanto, sus otros dos hijos —un varón de 16 y una niña de 9— son parte de esa familia futbolera que acompaña cada entrenamiento y cada partido.
Gisele habló con La Vanguardia sobre su historia, el significado de Amigos Unidos, el fútbol femenino y el mensaje que pretende dejarle a quienes creen que ya es demasiado tarde para empezar.
-Tenés 37 años, empezaste a jugar en Primera después de los 30 y ahora llegaste a los 100 partidos oficiales. ¿Cómo te animaste a empezar y qué recordás de aquel debut?
-Siempre fui de jugar al fútbol con mis primos, que son muchos, y también con mi papá y mis hermanos. De chica no tuve la posibilidad de jugar en una escuelita de fútbol femenino porque directamente no existía. Pero siempre me gustó el fútbol.
Después comencé con un grupo de chicas en Colegiales, pero llegó la pandemia y se cortó todo. Cuando volvimos éramos pocas. Con el tiempo empezó a desarrollarse el fútbol femenino en Balcarce y los clubes comenzaron a formar sus equipos.
Yo siempre estuve vinculada a Amigos Unidos, acompañando a mi hijo desde que tenía cuatro años. Estaba esperando que el club armara el femenino y el primer día que hubo entrenamiento estuve ahí.
Nunca es tarde cuando hay ganas y cuando el cuerpo responde. Nunca es tarde para aprender. Los años son solamente un número y después cada uno sabe lo que puede dar. Hay que seguir mientras uno quiera y pueda.
Nunca tuve demasiado en cuenta los prejuicios o el qué dirán. Siempre traté de seguir adelante y hacer lo que me gusta. Tengo hermanas que juegan conmigo, amigas y compañeras de distintas edades, pero todas compartimos las mismas ganas y la misma pasión.
El debut fue toda una odisea. Fue en 2021. Habíamos tenido apenas 15 días de entrenamiento con el profesor nuevo, había compañeras a las que ni siquiera conocíamos por el nombre y muchas nunca habíamos jugado en cancha de 11. Además, eran dos tiempos de 40 minutos y para varias era la primera vez que pisaban una cancha.
Debutamos contra San Manuel, en la cancha de Agrarias. Había mucha ansiedad y muchos nervios, pero pudimos llevarlo adelante. Fue una experiencia hermosa y un recuerdo muy lindo por haber vestido por primera vez los colores del Tricolor.
Y mi primer gol fue de penal, contra Sportivo, en cancha de Los Patos. Hasta ahora es mi primer y único gol.
-Tu hija mayor tiene 18 años y juega con vos. ¿Qué significa compartir vestuario, cancha y camiseta con ella?
-Mi hija arrancó a los 14 años y está conmigo desde el comienzo. Es otro desafío y una experiencia muy linda.
Hoy las dos crecimos futbolísticamente y también en lo personal. Dentro de la cancha sabemos que somos compañeras. Ella es una compañera más para mí y yo soy una compañera más para ella.
Es hermoso poder vivir esto juntas. Tiene un condimento especial tener a alguien tan cercano, y en este caso mi propia hija.
Muchas madres acompañan a sus hijos desde el otro lado del alambrado, alentando y bancando. En nuestro caso tenemos la posibilidad de disfrutar juntas de algo que nos gusta a las dos.
-Sos mamá de tres hijos, pareja, ama de casa, jugadora y entrenás. ¿Cómo hacés para organizar los tiempos?
-Para mí nunca fue un problema porque siempre tuve el apoyo de mi familia, de mi pareja y de mis hijos.
Somos una familia muy futbolera. Bancamos el fútbol y al Tricolor desde hace muchísimos años, así que no es un problema ir a la cancha todos los fines de semana, a los entrenamientos o acompañar las distintas categorías.
Para mí es como un cable a tierra, una terapia. Más allá del juego y de la competencia, es un espacio que me hago para mí. Se convirtió en parte de mi vida y nunca lo sentí como un problema.
-Fuiste capitana durante varios años. ¿Qué aprendiste de ese lugar y cómo te sentís jugando como defensora?
Arranqué como defensora y capitana desde el comienzo, hasta el año pasado, cuando le pasé la capitanía a mi hermana. Siempre fue una elección de los entrenadores.
Al principio no tenía mucha idea de lo que significaba ser capitana. Sabía algo por mirar fútbol, pero después fui aprendiendo partido a partido y año a año.
Ser capitana implica una responsabilidad muy grande: acompañar a tus compañeras, estar para ellas, apoyar a los entrenadores y tener dentro de la cancha una voz de mando. Pero, en definitiva, todas hacemos el equipo.
Soy defensora y mientras me den una pelota voy a tratar de jugar donde sea. Los entrenadores vieron algunas cualidades en mí para ocupar ese lugar, así que empecé como defensora y me entreno para estar ahí.
-Tus hijos te ven jugar en Primera. ¿Qué creés que les enseñás simplemente al verte cumplir este sueño?
-Con mi hija más chica me pasa algo muy lindo. Ella me banca desde el otro lado del alambrado, está pendiente de entrar con el equipo y muchas veces entra de mi mano. Tengo una pequeña fan del otro lado del alambrado que también me acompaña a los entrenamientos.
Mi hijo también juega, así que nos acompañamos mutuamente.
Creo que la enseñanza es que hagan lo que los haga felices. Que sepan que pueden ir detrás de sus sueños mientras puedan y mientras no le hagan mal a nadie. Hay que marchar derecho y meterle.
Obviamente, todo esto va acompañado de sacrificio, responsabilidad y mucho entrenamiento. Es un proceso. Creo que, de alguna manera, sí les estoy enseñando algo con el ejemplo.
-¿Qué significa Amigos Unidos para vos y cómo ves el crecimiento que tuvo el fútbol femenino en Balcarce?
Amigos Unidos es mi segunda casa. Descubrí otra familia y, gracias al club, conocí muchísimos amigos; algunos incluso se convirtieron en familia.
Es un orgullo enorme pertenecer y representar al Tricolor. Me vas a encontrar en la cancha siempre, apoyando desde los más chiquitos hasta las categorías más grandes. Y cuando me toca jugar, dando todo para defender estos colores.
El crecimiento del fútbol femenino en Balcarce es increíble. Es muy lindo ver que hoy las nenas tienen la posibilidad de ir a una escuelita y formarse desde chicas. Eso es muy importante.
Mi formación fue en la calle, en la placita y en el barrio. No tuve la oportunidad de tener una escuela de fútbol, pero hoy que existen es fascinante. Me encanta ver a las nenas jugar a la pelota.
Hay muchísimo futuro. El día de mañana vamos a tener grandes equipos en Balcarce con chicas que juegan muy bien y tienen un futuro enorme.
-Si cerrás los ojos y pensás en el futuro, ¿con qué soñás? ¿Un campeonato junto a tu hija? ¿Hasta cuándo te imaginás jugando?
Si cierro los ojos, sueño con lo que venimos buscando y trabajando durante todos estos años junto al equipo y los entrenadores. En su momento con Gaby Alonso y actualmente con Gaspar y Ema Valente.
El sueño de cualquier futbolista es salir campeón. Venimos trabajando desde el primer día, el equipo avanzó muchísimo y creció un montón. Es algo que tenemos pendiente.
El año pasado estuvimos muy cerca y este año vamos por todo. Si hoy cierro los ojos, sueño con vernos levantando la copa.
Y voy a seguir jugando hasta que el cuerpo me diga basta y las piernas no me respondan. Obviamente alguna vez pensé en el retiro, pero todavía no me veo sin jugar. No me veo sin ir a entrenar.
Creo que un par de añitos más voy a estar jugando y entrenando. Soy de la idea de seguir hasta que el cuerpo diga basta.
-Para todas esas mujeres de 30, 35 o 40 años que creen que ya es tarde para empezar, ¿qué les dirías?
-A esas mujeres que creen que no pueden les diría que no se queden con el “no puedo”. Con ganas, muchas cosas se pueden lograr.
Hay que animarse, arrancar, entrenar e intentarlo una y otra vez. Lo importante son las ganas que uno tiene y si eso que hace lo hace feliz.
Acá nadie nació sabiendo. Lo que uno no sabe, lo aprende cuando tiene ganas. Hay que animarse y nada más.
No hay que quedarse con el “yo quisiera” o “si yo pudiera”. No. Hay que ir para adelante y meterle.
Porque nunca es tarde cuando hay un sueño, ganas y pasión para intentar hacerlo realidad.
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