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Especial Día del Padre

El legado de papá: relatos de esfuerzo, valores y amor incondicional

Redacción Vanguardia

En el marco del Día del Padre, La Vanguardia presenta un especial con historias de balcarceños que encontraron en sus padres una guía para la vida. Entre talleres, campos, rutas, competencias deportivas y llamadas cotidianas, aparecen valores que atraviesan generaciones: el trabajo, la honestidad, el esfuerzo y el amor incondicional.

 

Hay enseñanzas que no se aprenden en una escuela ni figuran en ningún manual. Son lecciones que se transmiten con el ejemplo, en el silencio de una jornada laboral, en una palabra de aliento o en una presencia constante que acompaña durante toda la vida. 

En este Día del Padre, La Vanguardia reunió cuatro historias que tienen algo en común: hijos e hijas que encuentran en sus padres mucho más que un vínculo familiar. Ven en ellos modelos de vida, ejemplos de sacrificio y personas que dejaron huellas imborrables. 

 

Pedro y Leandro Vega: más de medio siglo de trabajo y ejemplo 

El Taller de Electricidad Vega es parte de la historia de Balcarce. Allí, a sus casi 84 años, Pedro Vega continúa acercándose cada mañana, manteniendo intacta una rutina construida a lo largo de décadas. 

Para su hijo Leandro, las enseñanzas más importantes de su padre nunca tuvieron que ver con cables ni tableros. 

“Me enseñó respeto, compromiso, responsabilidad, a generar confianza y a tratar bien a los clientes. Son valores que no están en ningún manual”, asegura. 

Verlo llegar todos los días al taller sigue siendo una lección. “Su motor es el trabajo. Es lo que lo mantiene activo y vital. A su edad es admirable y un ejemplo a seguir. El trabajo lo mantiene vivo”. 

Cuando piensa en el orgullo que siente por su padre, Leandro no habla de logros empresariales ni de grandes reconocimientos. “Lo que más orgullo me da es encontrarme con personas que lo conocen desde hace más de cincuenta años y escuchar cómo destacan la buena persona que es”. Y cuando observa sus manos, curtidas por una vida de esfuerzo, encuentra una frase escrita en cada arruga: “Todo sacrificio tiene su recompensa”. 

 

Lorenzo y Shalom Lescano: el deporte como puente entre generaciones 

En la familia Lescano, gran parte de los recuerdos se construyeron alrededor del deporte. 

Lorenzo recuerda viajes, entrenamientos, competencias y largas conversaciones junto a su padre Shalom. “Siempre me acompañó a entrenar y a las carreras. Después analizábamos lo que había pasado, valorando siempre lo bueno. También compartíamos muchas horas viendo competencias y hablando de deporte”. 

Con el paso de los años descubrió cuánto se parece a él. “Tenemos una forma muy parecida de pensar y de hablar. Muchas veces me escucho responder algo y me doy cuenta de que estoy diciendo exactamente lo que diría mi papá”. 

Si tuviera apenas unos segundos para agradecerle, no dudaría. “Le agradecería por estar siempre, por acompañarnos en cada etapa de nuestras vidas, por apoyarnos en el deporte, por enseñarnos con el ejemplo y por mostrarnos que con esfuerzo, humildad y trabajo se pueden lograr muchas cosas. Estamos muy orgullosos de ser sus hijos”. 

 

Juan Alberto “El Vasco” y Marta Lendres: una palabra que vale más que un contrato 

La vida de Juan Alberto Lendres estuvo marcada por el trabajo. Durante 35 años desempeñó tareas rurales, primero como jornalero y luego como encargado de estancia. Más tarde llegó a la ciudad para trabajar en el transporte y distribución de combustibles hasta su jubilación. 

Su hija Marta encuentra en él algunos de los recuerdos más importantes de su vida. “Pienso en los cumpleaños, los aniversarios, mi fiesta de 15 años, el nacimiento de mis hijos o cuando estuvo sentado al lado de mi cama dándome ánimo en momentos difíciles”. 

También reconoce cuánto heredó de él. “Soy tan porfiada y tan vasca como él. Pero sobre todo heredé valores como la lealtad, la confiabilidad y la importancia de estar siempre para la familia”. 

Al definirlo, no duda. “Es una persona honesta por sobre todas las cosas. Un hombre cuya palabra vale más que cualquier contrato firmado. Es un paisano a mucha honra que me enseñó a amar mis raíces y es mi mayor orgullo”. 

 

Carlos y Lourdes Frutos: la llamada que nunca falta 

Carlos Frutos nació en Federal, Entre Ríos. Trabajó desde muy joven en tareas rurales, formó una familia numerosa y hoy disfruta de sus hijos, nietos y bisnietas. Para Lourdes, la menor de sus cinco hijos, su padre ocupa un lugar irremplazable. 

“Para mí es el mejor papá del mundo. Siempre dio todo sin esperar nada a cambio. Gracias a él nunca faltó un plato de comida en nuestra mesa”. 

Entre tantas costumbres, hay una que mantiene intacta. “Todos los días espera que llegue de trabajar para llamarme y preguntarme cómo me fue. Es algo simple, pero significa muchísimo”. 

Al pensar en este Día del Padre, la emoción aparece rápidamente. “Me gustaría que fuera eterno. Quiero agradecerle por todo, especialmente por ser tan bueno. Tus hijos y tus nietos te adoran, aunque seas un viejito renegado. Y además sos el más guerrero de todos”. 

 

El legado que permanece 

Las historias son distintas. Los escenarios también. Un taller, una estancia, una ruta, una pista deportiva o el teléfono de todos los días. 

Sin embargo, en cada relato aparecen las mismas palabras: esfuerzo, honestidad, trabajo, acompañamiento y amor. 

Quizás esa sea la verdadera herencia que dejan los padres. No las cosas materiales ni los oficios aprendidos, sino los valores que permanecen cuando pasan los años y que siguen guiando el camino de quienes tuvieron la fortuna de crecer a su lado. 

Porque hay enseñanzas que nunca envejecen. Y porque, muchas veces, los héroes más importantes no aparecen en los libros de historia: están sentados en la mesa familiar, esperando una llamada o llegando cada mañana al trabajo con la misma pasión de siempre. 

 

 

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