Ariel Bilbao, juez de tiro deportivo
“El techo sería un Panamericano o un Juego Olímpico”
El balcarceño fue designado como Range Officer de 50 metros en los Juegos Suramericanos que se desarrollan en Santa Fe. En una entrevista con La Vanguardia, repasó sus comienzos en el tiro deportivo, explicó la responsabilidad que implica arbitrar una competencia internacional y contó cuál es el próximo objetivo que se plantea dentro de una disciplina en la que lleva más de tres décadas.
Hay deportes en los que el protagonista es quien cruza primero una línea, convierte un gol o consigue una marca. En el tiro deportivo, en cambio, buena parte de la competencia se define en el silencio, la concentración y la precisión.
En ese escenario, los jueces cumplen un papel fundamental, aunque muchas veces permanezcan lejos de los flashes. Ariel Bilbao, representante de Balcarce y tirador desde hace más de 30 años, transita desde hace algunos años ese camino: dejó progresivamente el centro de la escena como competidor para asumir cada vez más responsabilidades como juez.
Su recorrido lo llevó desde el Polígono de Balcarce a competencias regionales, provinciales y nacionales, y luego a escenarios internacionales. Participó como juez en un Mundial realizado en Buenos Aires y ahora fue designado NTO (National Technical Official) y Range Officer de 50 metros en los Juegos Suramericanos de Santa Fe, una experiencia que representa otro paso dentro de su carrera.
En una entrevista con La Vanguardia, Bilbao habló sobre sus comienzos, la responsabilidad de aplicar el reglamento, las protestas de los deportistas y el desafío de llegar algún día a un Juego Panamericano o, por qué no, a un Juego Olímpico.
—¿Todo juez fue tirador antes? ¿Cómo arrancaste vos con el tiro deportivo en Balcarce?
—No es un requisito obligatorio que todo juez haya sido tirador, aunque la gran mayoría proviene de esta actividad deportiva. Yo empecé en 1991 o 1992, después de hacer el servicio militar. Como le ocurrió a muchos, me tocó ir al Polígono y ahí me entusiasmé. Cuando terminé el servicio militar, volví al Polígono, me prestaron una carabina y así comenzaron mis primeros pasos.
Estuve hasta 1994 aproximadamente y después retomé en 1996, hasta la actualidad. A partir de 2008 empecé a participar en torneos regionales, provinciales y nacionales. Hoy quizás tiro un poco menos, pero sigo vinculado a la actividad.
Lo lindo del tiro es que es un deporte de concentración absoluta. A diferencia de otras disciplinas que son predominantemente físicas, acá necesitás una concentración muy grande en momentos en los que la precisión es fundamental.
—¿Qué te llevó a hacer el curso de juez? Es un rol muchas veces ingrato…
—Hice el curso de juez siendo tirador y todavía sigo siéndolo, aunque de a poco me estoy alejando de la competencia. Es una manera de seguir cerca del deporte y continuar involucrado en el tiro deportivo.
Estoy dejando progresivamente el rol de tirador para entrar más de lleno en el de jurado o juez. Me gusta lo que hago. Es como sucede con cualquier juez o árbitro de otro deporte: muchas veces es un rol ingrato porque nadie te reconoce o pasás desapercibido, pero a mí me gusta y disfruto hacerlo.
—Fuiste designado NTO y Range Officer de 50 metros en los Juegos Suramericanos de Santa Fe. ¿Qué hace exactamente un Range Officer en una competencia internacional?
—Es un juez oficializado por el Comité Organizador para fiscalizar. El Range Officer es la persona encargada de supervisar el cumplimiento de las normas de seguridad y el desarrollo ordenado de las actividades dentro del Polígono.
La seguridad está por encima de todo: hay que controlar que las armas estén orientadas hacia las zonas seguras y que todo se desarrolle de acuerdo con las normas. Mientras un deportista está compitiendo, uno debe intervenir ante cualquier falla mecánica o maniobra insegura.
Las sanciones pueden ir desde una amonestación hasta la descalificación de un participante. En definitiva, se trata de verificar que el Polígono esté en condiciones, garantizar la seguridad y controlar que se cumpla el reglamento.
—Te toca aplicar el reglamento ISSF en unos Juegos Suramericanos, con delegaciones, entrenadores y deportistas de alto nivel. ¿Qué se juega un juez si se equivoca en una decisión?
—Si cometés un error podés recibir una suspensión durante determinado tiempo y quedar relegado de futuras participaciones. Como cualquier árbitro, hay que ser muy cuidadoso, estudiar el reglamento y tenerlo siempre presente para actuar de la mejor manera posible.
Las protestas pueden ser realizadas por el tirador en ese momento o por el entrenador, en forma escrita. Cuando se presenta una protesta, tenemos que recurrir al reglamento y recordar las normas para tratar de tomar la decisión correcta.
Además, siempre somos tres o cuatro jueces trabajando en la línea, por lo que las decisiones se toman en conjunto y de acuerdo con lo que establece el reglamento. Hay procedimientos específicos para las fallas, las protestas y cada una de las situaciones que pueden presentarse.
Lo fundamental es tratar de actuar de la manera más fría posible.
—¿Qué diferencia hay entre arbitrarle a un deportista consagrado y a un chico de 14 años que está disputando su primera competencia provincial?
—El reglamento es uno solo, ya sea que estés dirigiendo un torneo sudamericano, un Torneo Bonaerense, los Juegos Evita o un campeonato nacional o provincial.
Quizás con los chicos los entrenadores tienen que hacer un poco más de docencia para que lleguen preparados y conozcan el reglamento. El deportista, el tirador y también el chico que recién comienza tienen la obligación de conocer las reglas, al igual que las conoce un juez.
El entrenador también tiene la responsabilidad de enseñarle la disciplina y, fundamentalmente, las normas de seguridad. Cuando entrás a un campo de tiro tenés que saber cómo manejarte y respetar las indicaciones del juez.
Es lo mismo para todos, pero con los chicos hay que hacer un poco más de hincapié porque recién están empezando y tienen que aprender simultáneamente la disciplina y el reglamento.
El reglamento es uno solo y en materia de seguridad se cumple a rajatabla.
Además, estas competencias provinciales o nacionales son importantes porque permiten que los chicos se vayan fogueando, conozcan lo que es una final y aprendan a competir con árbitros. Muchas veces entrenan en su propio Polígono, donde el juez puede ser el entrenador o alguien del lugar. En una competencia se encuentran con otros jueces y otra dinámica, y eso los va preparando para lo que puede ser su futuro dentro del tiro deportivo.
—Ya estuviste en un ODESUR y vas a los Bonaerenses. Siendo juez, ¿cuál es el techo? ¿Un Panamericano, un Mundial, un Juego Olímpico?
—Hay que ir tranquilo, de menor a mayor. Empezamos con torneos regionales, provinciales y nacionales, después llegaron algunos sudamericanos. También estuve en un Mundial, en una Copa del Mundo que se realizó el año pasado en Buenos Aires, y ahora llegó esta designación en los Juegos Suramericanos.
Se trata de seguir en actividad y hacer las cosas de la mejor manera posible para continuar escalando y que me convoquen a otros torneos.
El techo sería un Panamericano o un Juego Olímpico, pero no es fácil llegar. Somos muchos y todos apuntamos a eso. Para llegar a lo máximo hay que atravesar distintos desafíos, tanto en torneos locales como internacionales.
Todo sirve como aprendizaje y te va preparando. Hay que seguir trabajando y, ojalá, algún día llegue esa designación.
El agradecimiento a la familia
Detrás de cada designación también hay horas de entrenamiento, viajes y fines de semana lejos de casa. Bilbao sabe que ese recorrido no sería posible sin el acompañamiento de su familia.
—Quiero agradecer a Dios por esta oportunidad que me da de hacer lo que me gusta. Y también a mi familia, que es la que me banca en todo. Muchas veces me pierdo fines de semana, cumpleaños o fiestas por estar en una competencia.
Por eso también estoy muy agradecido con ellos.
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