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Marina García

El trabajo y el amor de madre: "mi esfuerzo diario se refleja en la sonrisa de mis hijos"

Redacción Vanguardia

Marina García, la primera trabajadora dedicada al barrido manual en la empresa Ashira. Contó cómo fue abrirse paso en un oficio dominado por hombres, su rutina de madrugada y qué significa para ella sostener a su familia con su trabajo.

Marina García se convirtió en la primera mujer en integrar el servicio de barrido manual de la empresa Ashira, dentro del gremio de camioneros. Desde muy temprano todas las mañanas recorre cuadras de la ciudad con escoba y carro; al mediodía vuelve a su casa para ocuparse de su hijo y del hogar. En una entrevista con La Vanguardia relató su ingreso al puesto, la convivencia con compañeros de trabajo, los pequeños gestos de reconocimiento de los vecinos y lo que le da orgullo cada jornada.

-¿Cómo fue tu inicio en este trabajo, en un entorno donde la mayoría son hombres?

-Me enteré de que el gremio estaba por incorporar mujeres en Ashira, llevé mi currículum y me llamaron. Al principio tenía miedo porque en la empresa siempre trabajaron hombres; aun así, pensé que había que probar distintos oficios. He trabajado de todo: en el reciclaje del relleno, en cuidado de personas… todo se aprende. Mi primer día me sentí cómoda porque los compañeros me hicieron sentir bienvenida: me mostraron cómo colocar la bolsa en el carro para que no se salga con el viento y cómo mantener la postura al barrer para evitar dolores de espalda. Me dieron muchos consejos prácticos —llevan años en el oficio— y fueron muy solidarios. Con todo el personal me sentí contenida desde el primer momento.

-¿Cómo es un día tuyo?

-Mi día empieza a las 4:45; entro a la empresa a las 5:40. Barro por la mañana hasta el mediodía; a veces me lleva más tiempo según el recorrido. Luego llego a casa y llevo a mi nene al jardín. Después vienen las tareas del hogar: mandados, cocinar para la familia y dejar todo listo para el día siguiente. A las 22:30 ya estoy descansando. Me crié con una cultura de trabajo: mi abuelo trabajó en el campo y tenía una cuadrilla, y mi padre también me inculcó el valor del esfuerzo. Creo que lo que uno no sabe se aprende, y que no hay género para trabajar cuando alguien quiere salir adelante.

-¿En qué momento del día sentis que vale la pena?

-Cuando termino el recorrido me siento orgullosa. Me da satisfacción cumplir el servicio cuadra por cuadra y ver que la gente pasa y te felicita, no solo por ser mujer sino por el trabajo en sí —aunque haga frío, calor o llueva.

-¿Crees que la gente valora tu trabajo cuando te ve?

-Sí, siento mucho reconocimiento. Muchos se acercan a felicitarme por la amabilidad, por el simple gesto de dar los buenos días cada mañana. A veces me ofrecen agua, facturas o un café; la gente es muy servicial.

-¿Qué es lo que más te gusta de poder sostener a tu familia con tu trabajo?

-Me da una mezcla de seguridad y propósito. Seguridad porque sé que hay techo, comida y tranquilidad para quienes amo; propósito porque mi esfuerzo se traduce en cosas concretas: la risa de mis hijos, una comida sin preocupaciones y que mi pareja pueda respirar un poco más tranquilo. La dignidad de no depender de otros y sentir que mi tiempo vale para algo más grande me empuja a seguir cuando las cosas se ponen difíciles.

Después del trabajo y las tareas de la casa, ¿cuándo es ese momentito tuyo?

-Después de un día de trabajo, con la casa limpia y los chicos en el jardín y la escuela, mi momento es relajarme y tomarme un mate sola. Es breve, pero es mío.

"Estoy agradecida con el gremio de camioneros por la oportunidad, con el delegado y mis compañeros, porque sin ellos no hubiera sido lo mismo. Mi mensaje para otras mujeres es que se animen: la mujer puede más de lo que imagina".

Marina García no solo limpia las calles: abrió un paso donde no lo había. Su historia recuerda y es ejemplo para pensar que cambiar contextos laborales es también cambiar miradas para una sociedad más justa e igualitaria.

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