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Novela de Celso Suárez

“Latencia Residual”: una novela de ciencia ficción que convierte a Balcarce en escenario de una historia entre la memoria y lo extraño

Redacción Vanguardia

El escritor balcarceño Celso Suárez presentó el sábado 15 de agosto su nuevo libro en la Biblioteca Pablo A. Pizzurno. La novela transcurre íntegramente en Balcarce y combina lugares, personajes y hechos reconocibles de la historia local con una trama de ciencia ficción en la que una señal inexplicable atraviesa generaciones.

La Biblioteca Pablo A. Pizzurno fue escenario de la presentación de Latencia Residual, la nueva novela del escritor Celso Suárez, una obra de ciencia ficción que tiene una particularidad: transcurre enteramente en Balcarce. 

Las sierras, los caminos rurales, la ruta 226, la Estación Terrena, Los Pinos, el autódromo y otros espacios reconocibles de la ciudad forman parte de una historia en la que lo cotidiano comienza, poco a poco, a adquirir una dimensión extraña. 

La presentación fue además una oportunidad para que el autor compartiera con los presentes los lugares, recuerdos y preguntas que dieron origen a la novela, concebida también en el marco de los 150 años de Balcarce. 

Balcarce como memoria y no como postal 

Suárez explicó que desde el comienzo buscó que Balcarce no fuera utilizada simplemente como escenario o como una sucesión de referencias conocidas. 

La intención fue darle al territorio otro peso: convertirlo en una especie de memoria, en un archivo vivo capaz de conservar huellas, voces y acontecimientos. 

Por eso, muchos de los lugares que aparecen en la novela están vinculados con recuerdos que atraviesan a distintas generaciones de balcarceños. 

Uno de los ejemplos aparece en una escena protagonizada por El Gallego, quien cumple un viejo sueño: salir a girar con su Torino en el autódromo. Mientras acelera, vuelve a verse de chico, en 1972, trepado en la ladera de La Barrosa entre miles de personas, observando a Juan Manuel Fangio saludar y escuchando a los Sport Prototipos romper el silencio de las sierras. 

Para quienes conocen Balcarce, esos elementos generan una primera sensación de familiaridad. Están los paisajes, los nombres y determinadas formas de hablar y de vivir. Pero, como explica el autor, lo extraño comienza después. 

Una historia que también dialoga con el pasado 

Latencia Residual fue pensada en el contexto de los 150 años de Balcarce y propone establecer un diálogo entre la ficción y la historia local. 

Junto a los documentos, las fechas y los nombres que construyen la memoria de una comunidad existen también otras zonas: aquello que no quedó escrito, lo que pareció demasiado pequeño para ser registrado, lo que nadie pudo explicar o simplemente se perdió con el paso del tiempo. 

Uno de los puntos de partida de la novela fue Rafael Cabot y su obra Referencias históricas sobre el Partido de Balcarce y pueblo de San José de Balcarce, publicada en 1926. 

La carta “Al lector” de aquel libro inspiró el prólogo de la novela. A partir de esa voz, Suárez construyó una paráfrasis llevada al terreno de la ficción: un cronista que recuerda los antiguos caminos y las enormes distancias del territorio y que, al mismo tiempo, deja registrado un pequeño hecho inexplicable: un resplandor hacia la sierra La Vigilancia. 

De la Estación Terrena a una señal inexplicable 

Otro de los disparadores de Latencia Residual es la Estación Terrena de Balcarce y su vínculo con las comunicaciones de la misión Apolo 11. 

La novela toma ese episodio real como punto de partida y plantea una pequeña fisura en la historia: una señal anómala que aparece, queda registrada, no llega a comprenderse y finalmente es archivada. 

Con el paso de los años, algo de aquella señal vuelve a manifestarse. 

Pero no lo hace en grandes laboratorios ni frente a científicos o héroes extraordinarios. Aparece en objetos cotidianos: una radio a galena, un viejo Nokia, una computadora, una impresora de hospital, un módem o una pantalla. 

Los protagonistas son personas comunes: trabajadores, técnicos, jubilados, personal de un hospital, una joven frente a una computadora, un adolescente y una niña. 

Todos ellos se encuentran, por un instante, frente a algo que no terminan de comprender. 

Un mosaico de voces y épocas 

La estructura de la novela también acompaña esa idea. 

Latencia Residual está construida como un mosaico de voces, épocas y formatos, en el que aparecen memorandos técnicos, recortes de diarios, registros, chats, escenas familiares y situaciones rurales. 

Cada fragmento aporta una parte de una señal que el lector debe ir reconstruyendo a medida que avanza la historia. 

Incluso el título surge de esa concepción. 

La latencia refiere a aquello que está presente pero todavía no se manifiesta, mientras que lo residual remite a aquello que permanece, al resto que no desapareció completamente. 

La combinación representa uno de los ejes de la novela: lo que queda esperando. Una voz, un recuerdo, una pérdida, una señal o una pregunta. 

Una coincidencia que unió un siglo de historia 

La presentación en la Biblioteca Pizzurno tuvo además una coincidencia particularmente significativa para el autor. 

Entre los asistentes se encontraba un nieto de Rafael Cabot, cuyo libro de 1926 había sido uno de los puntos de partida de la novela. 

Un siglo después de aquella publicación, un descendiente de su autor estuvo presente escuchando una ficción que también había nacido, en parte, de aquellas páginas. 

Para Suárez, fue un momento en el que historia, memoria y ficción se dieron la mano con cien años de distancia. 

El escritor agradeció a la Biblioteca Pablo A. Pizzurno por abrirle sus puertas, a Fernando Colavita por acompañarlo y colaborar con la presentación y a todos quienes se acercaron para compartir la tarde, escuchar y conversar sobre Latencia Residual. 

Una novela que propone mirar Balcarce desde un lugar diferente: reconocer lo cotidiano, recuperar la memoria y preguntarse qué historias pueden permanecer latentes, esperando el momento de volver a aparecer. 

 

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