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Sociedad

La historia de Braian como símbolo de la vida rural: jornadas largas y un vínculo sagrado con la tierra

Redacción Vanguardia

Braian Lleuful, entrevistado para La Vanguardia, contó cómo desde los 15 años el trabajo en la papa forjó su hogar, su familia y una identidad de esfuerzo compartido.

En el silencio del amanecer, cuando la mayoría todavía duerme, hay hombres y mujeres que ya llevan la maleta rumbo al surco. Para ellos, el trabajo no es solo un oficio: es herencia, sustento y resistencia. La Vanguardia habló con Braian Lleuful, que desde los 15 años sigue esa rutina en los campos de Balcarce.

“Nos pasan a buscar tipo 5 o 5:30 y vamos al campo antes de que amanezca. Paramos al mediodía para comer y volvemos hasta las 15 o más”, relató Braian. Su jornada arranca muy temprano y se estira según lo que pida la cosecha: “A veces no hay feriado que valga, si hay papa hay que levantarla”.

Entró al trabajo de la papa siendo adolescente y nunca lo dejó. “Empecé con mi papá; después se sumaron mis hermanos. Hoy trabajamos en una cuadrilla con gente conocida del pueblo”, explica. Su tarea es seguir la máquina que hurga la tierra: recoger, embolsar y preparar las cargas. La producción laboral varía: “Hemos llegado a sacar desde 1.800 hasta 3.600 bolsas diarias”, admite, con tono que mezcla orgullo y cansancio.

Braian vincula el esfuerzo con la posibilidad de construir: “Gracias al trabajo en el campo pude tener mi casa y formar mi familia junto a mi señora y nuestros tres hijos. En nuestra casa siempre mantuvimos la cultura del trabajo: para lograr lo de uno hay que trabajar”.  

El 1° de mayo —el Día del Trabajador— toma en su relato un doble sentido. Es fecha para saludar, pero también para recordar que, para muchos, la necesidad obliga a no detener la faena. “Quiero desearle un feliz día a toda la gente que trabaja en el campo, y en especial a nuestra cuadrilla”, dice Braian.

La historia de Braian es la de miles de trabajadores rurales: jornadas largas, esfuerzo colectivo y un lazo familiar con la tierra. Detrás de cada bolsa de papa hay manos que hicieron posible una casa, una comida y un futuro que se construye día a día, con la maleta siempre lista.

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