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Día del Trabajador

Balcarce antes del Partido: del ´Volcán´ a la pampa productiva

Redacción Vanguardia

En el Día del Trabajo, un recorrido por la difícil puesta en producción de estas tierras entre 1830 y 1865: ganadería, ovinos, la falta de cercos y la alianza indispensable entre gaucho y caballo que forjó la identidad laboral local.

Antes de que existiera el partido de Balcarce, las tierras que hoy ocupan sus campos eran conocidas como “el Volcán”. La puesta en producción de ese territorio no fue inmediata: recién hacia 1865 comienzan a registrarse estancias ganaderas en pleno funcionamiento, aunque los procesos que lo hicieron posible arrancan varias décadas antes.

A partir de la década de 1830, el creciente valor de los ganados impulsó una expansión de la frontera ganadera que pobló de vacas y ovejas —y de hombres— los territorios más allá del Salado, asegurados por la expedición de Rosas en 1833-34. Fue en ese contexto que, entre 1830 y 1840, aparecen los primeros establecimientos relativamente consolidados dedicados a la cría y el manejo de hacienda.

En el sudeste de la provincia de Buenos Aires la acumulación y la puesta en producción respondieron en general a compras sucesivas de tierras, posteriores a las adjudicaciones enfitéuticas. Las actividades posibles en ese momento eran limitadas: la ganadería dominó la escena y los cereales se cultivaron mayoritariamente para consumo local, debido a las dificultades de transporte y a la ausencia de cercos que protegieran las siembras.

La cría de ovinos, aunque intentada desde temprano, cobró verdadera dimensión hacia 1850, cuando la producción lanar se convirtió en un negocio próspero. Inmigrantes vascos, irlandeses, ingleses y galeses tuvieron una participación destacada en esa expansión. La agricultura, en tanto, comenzaría su impulso decisivo hacia fines del siglo XIX, alineada con el perfil agroexportador de la economía nacional y con estructuras productivas cada vez más complejas.

La vida en una estancia del Volcán en torno a 1840 era dura y precaria. La tecnología era rudimentaria: conseguir agua y retener el ganado eran tareas constantes. Se buscaban tierras con acceso a arroyos, ríos o lagunas; más adelante se incorporaron soluciones como el balde volcador, jagüeles y norias accionadas con caballos. La escasez de madera obligaba a los pioneros a traer materiales de lejos y a plantar alineaciones de álamos para futuras construcciones y sombra.

La ausencia de cercos promovió técnicas de “aquerenciamiento” para acostumbrar a la hacienda a permanecer en un punto; se colocaba un poste de ñandubay como referencia central y rascadero para los animales. Y el trabajo humano, por supuesto, giraba en torno al manejo del caballo: la destreza criolla del jinete fue condición sine qua non para enfrentar manadas indómitas en extensiones que a menudo superaban las diez leguas cuadradas. Hombre y caballo se fundían en la pampa: sin su montura, el gaucho difícilmente podía cumplir su tarea.

Hoy, en el Día del Trabajo, vale recordar ese tránsito: de tierras inciertas y labores sacrificadas a un paisaje productivo que se fue complejizando con el tiempo. Aquellas primeras estancias y sus trabajadores sentaron las bases materiales y culturales de lo que luego sería el partido de Balcarce, donde el trabajo rural dejó una huella indeleble en la identidad local.

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