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Luis Arabia: de bucear con tiburones a vivir los momentos históricos de la Estación Terrena de Balcarce

Redacción Vanguardia

Buzo, fotógrafo y ex trabajador de la Estación Terrena de Telecomunicaciones, donde se desempeñó durante más de tres décadas, visitó los estudios de Radio Líder Balcarce Stream. Compartió sus experiencias bajo el agua, explicó por qué considera que los tiburones tienen una fama injustificada y recordó el papel de la estación en transmisiones vinculadas con acontecimientos históricos, como la llegada del hombre a la Luna.

 

Luis Arabia tiene historias para contar tanto de las profundidades del mar como de una etapa fundamental en la historia de las comunicaciones en Argentina. Buzo y fotógrafo, además de ex trabajador de la Estación Terrena de Balcarce durante más de 30 años, visitó los estudios de Radio Líder Balcarce Stream y repasó algunas de las experiencias que marcaron su trayectoria.

Uno de los pasajes más llamativos de la charla estuvo relacionado con sus inmersiones junto a tiburones en el Caribe. Lejos de la imagen amenazante que suele asociarse con estos animales, Arabia sostuvo que buena parte de su reputación responde a la manera en que fueron representados durante décadas.

“El tiburón es un mito. Siempre lo han mostrado de esa manera. Basta con recordar películas como Tiburón, que eran aterradoras. El animal no es como lo muestran”, afirmó.

En ese sentido, consideró que los tiburones tienen “muy mala prensa” y explicó que, cuando se realiza una actividad de buceo en lugares donde están presentes, la clave pasa por conocer el entorno, respetar las indicaciones y actuar con precaución.

“Es una cosa tan linda tenerlos al lado. Por supuesto que hay que tener cuidado, como con cualquier actividad. Si uno maneja un vehículo, tiene que respetar las velocidades; con el buceo sucede lo mismo. Cuando uno se sumerge en lugares donde hay animales que requieren precauciones especiales, como los tiburones, debe ser cuidadoso”, señaló.

Arabia remarcó que la preparación es fundamental para disfrutar de la experiencia sin exponerse a riesgos innecesarios. “Hay que mantener la calma, tener instinto de supervivencia y cuidarse. Y hay una regla básica: nunca se toca nada debajo del mar”, explicó.

Incluso recordó que, en algunas ocasiones, los tiburones se acercan tanto que despiertan la curiosidad de quienes bucean. Mencionó, por ejemplo, al tiburón nodriza, una especie que puede permanecer quieta sobre el fondo marino.

“Hay algunos, como el tiburón nodriza, que pueden quedarse quietos en el fondo. Uno hasta siente ganas de acariciarlos, pero no hay que hacerlo. Me ha pasado de tenerlos muy cerca y es una experiencia impresionante”, relató.

Tiburones que se acercan como perros

Entre sus recuerdos más impactantes aparecen las inmersiones con tiburones de arrecife en el Caribe, a los que describió como animales tranquilos cuando se respetan las pautas de seguridad.

“Son tiburones realmente mansos. ¿Viste cuando vas caminando por la calle y te siguen unos perritos? Bueno, la sensación, en algunos momentos, es parecida”, contó.

Arabia recordó especialmente una de las primeras excursiones que realizó en ese entorno. El guía les había anticipado que comenzarían a ver tiburones de manera gradual y les pidió que mantuvieran la tranquilidad, sobre todo porque algunos integrantes del grupo nunca habían visto uno de cerca.

“Empezamos a descender y, cuando llegamos al lugar, comenzaron a acercarse. Venía uno, después otro, uno por acá y otro por allá. Nosotros nos quedamos quietos y seguimos las indicaciones”, relató.

También explicó que, durante la inmersión, es importante mantener las manos en una posición segura y evitar movimientos innecesarios.

“Cuando estás buceando, las manos no se utilizan para interactuar con los animales. Hay que mantenerlas controladas y no extenderlas hacia un tiburón. No se trata de provocarlos ni de tocarlos, sino de conservar la calma y respetar las medidas de seguridad”, señaló.

Los animales pasaban a su lado, por encima y por debajo, en algunos casos a aproximadamente un metro de distancia.

“Eran grandes, realmente grandes. Se acercaban, pero cuando llegaban cerca daban la vuelta y seguían su camino. Los disfrutamos muchísimo”, recordó.

Quienes quieran conocer parte de esas experiencias pueden encontrar fotografías de sus inmersiones en sus perfiles de redes sociales, donde Arabia comparte imágenes de los encuentros con la fauna marina.

La belleza de la vida bajo el agua

Más allá de los tiburones, el buzo destacó la diversidad de especies y paisajes que se descubren al sumergirse. Para él, el contacto directo con ese mundo permite dimensionar una riqueza natural que resulta difícil de comprender desde la superficie.

“La vida marina es una belleza. Lo que hay en el fondo del mar es increíble. Hasta que uno no lo ve y no está en contacto con todo eso, no llega a dimensionar lo que realmente existe”, expresó.

En su recorrido encontró diferencias entre los ambientes marinos de distintas regiones. Mencionó la variedad de peces que puede observarse en Argentina, el Caribe y Oceanía, además de la flora submarina, que también lo sorprendió por sus formas, tamaños y colores.

“No solamente es hermosa la fauna. La flora también llama muchísimo la atención. Hay esponjas enormes, algunas del tamaño de una habitación, con colores impresionantes. He tenido fotografías a su lado y llegan a sobrepasarme en altura”, contó.

Arabia sostuvo que, una vez que se conoce ese universo, resulta difícil abandonar la actividad. Sin embargo, advirtió que el buceo recreativo requiere formación y conocimientos específicos.

“No es solamente entrar al agua y hacer una inmersión. Hay que realizar un curso y contar con los conocimientos necesarios para evitar riesgos. La preparación es fundamental”, subrayó.

También cuestionó que algunos accidentes sean abordados sin suficiente contexto y sostuvo que, en ciertos casos, la falta de preparación o el incumplimiento de las medidas de seguridad tienen un papel determinante.

Los recuerdos de la Estación Terrena y las transmisiones de la NASA

La conversación también recorrió otra etapa de la vida de Arabia: sus más de tres décadas como trabajador de la Estación Terrena de Telecomunicaciones de Balcarce, una instalación que tuvo un papel relevante en el desarrollo de las comunicaciones satelitales en el país.

Al recordar aquellos años, evocó las transmisiones internacionales y el momento en que comenzaron a recibir imágenes en color vinculadas con las emisiones de la NASA.

“La señal llegaba hasta la consola y allí había monitores en color. Empezamos a ver algunas de las transmisiones de la NASA de esa manera”, recordó.

Al referirse a una de aquellas transmisiones históricas, destacó la importancia de una maniobra técnica que permitió que las imágenes pudieran llegar al público argentino.

“Gracias a esa maniobra, todo el país pudo verla. Fue algo mundial”, señaló.

Durante la charla también surgió el debate sobre la veracidad de algunos acontecimientos históricos, en referencia a las teorías que ponen en duda la llegada del hombre a la Luna. Arabia recordó que, desde la estación, podían trabajar con distintas señales satelitales.

“Buscamos por todos lados, con tres o cuatro satélites, y los cuatro marcaban lo mismo. Realmente, no creo que haya sido un invento de Hollywood”, expresó.

Un lugar elegido estratégicamente

Arabia explicó que la ubicación de la Estación Terrena no fue casual. Las características geográficas del lugar contribuían a reducir las interferencias que podían afectar la recepción de las señales satelitales.

“Si te parás dentro de la zona donde están las antenas, hay como una olla, una especie de campana invertida. Las sierras ayudaban a impedir las comunicaciones que podían interferir con la señal”, describió.

También recordó las dificultades técnicas de aquella época, cuando las señales recibidas desde los satélites tenían una potencia muy baja y se necesitaban grandes instalaciones para captarlas.

“En ese momento, los satélites tenían muy baja potencia. Por eso se utilizaban antenas de 30 metros: las señales que llegaban eran muy débiles. Los equipos eran tremendamente grandes y había sistemas especiales de refrigeración”, explicó.

El ex trabajador aclaró que detrás de aquellas transmisiones existía un complejo desarrollo tecnológico y que muchos de esos aspectos técnicos resultaban difíciles de resumir en una conversación.

Sus recuerdos permiten reconstruir una época en la que la Estación Terrena de Balcarce formaba parte de una red de comunicaciones que conectaba al país con acontecimientos que se desarrollaban a miles de kilómetros de distancia.

Entre el mundo submarino que hoy lo apasiona y la historia de las comunicaciones que conoció desde adentro, Arabia compartió dos facetas de una trayectoria marcada por la curiosidad, la observación y el interés por descubrir aquello que muchas veces permanece fuera de la vista.

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