Lo dijo a La Vanguardia Mauricio Figueroa, el papá de Bautista, el nene de 9 años que murió tras un accidente con su bicicleta en la avenida Dorrego. “Era un crack y amaba jugar al fútbol”, recordó emocionado. Una muerte inexplicable. Un dolor que no encuentra consuelo.
La camiseta número 7 de Boca colgada en el borde de una ventana de la humilde vivienda de Mauricio y Sonia es una evocación permanente a la memoria de Bautista. Las fotos, sujetadas de un hilo que recorre parte de la cocina, son también testimonio de una vida que se fue inexplicablemente en la tarde noche del martes 14 de enero. Ese día, tras el entrenamiento de fútbol en el club del barrio, Bauti aceptó la invitación de un amiguito para dar “una vuelta en bici”. No le avisó a su mamá, pensando que no lo dejaría ir porque ya caía la noche, y fueron juntos hasta la avenida Dorrego y 55. Fue en ese lugar donde se desató la tragedia. En una de las “pasadas” que hacían con la bici Bauti perdió el control y cayó a un costado de la calle. Fue asistido primero por una vecina del lugar Natalia Grandi y una ingeniera agrónoma (Gladis Clemente) que también fue en su auxilio y luego llegó un médico colombiano –de nombre Sebastián- que, circunstancialmente, caminaba por la zona y se acercó para colaborar. Ellos le brindaron la primera asistencia. Minutos después arribó una ambulancia del Hospital Municipal y cuando lo estaban subiendo en la camilla llegó su mamá. Fue en ese instante que Bauti le tomó la mano a Sonia y le suplicó “mami, no me dejes solo”. Esas últimas palabras de Bauti todavía sobrevuelan en la mente de Sonia que no puede contener el llanto.
En el centro asistencial local Bauti fue intervenido por un golpe aparentemente provocado por el manubrio en la zona abdominal alta –según describió su mamá-, sufrió un paro cardio respiratorio del que pudo salir, pero el segundo no le dio chance. Desde aquella noche, Mauricio Figueroa y Sonia Silva están devastados y no encuentran consuelo. Les cuesta contener la respiración mientras los invade una tristeza infinita. En su casa, recibieron a La Vanguardia para hablar de su pequeño hijo Bautista y fundamentalmente para agradecer a toda la gente que, aun no teniendo vínculo con la familia se solidarizó con ellos. “Fue mucha gente la que se comunicó con nosotros y se acercó, y por eso estamos muy agradecidos. Pasan los días y no puedo creer que ya no esté. Miro las fotos, las camisetas, las medallas y me pregunto una y otra vez por qué pasó esto”, dice Mauricio mientras sostiene una foto de Bauti haciendo lo que más amaba: jugar al fútbol.
Sin reproches
Los padres de Bautista no se reprochan nada ni intentan encontrar responsables de lo que pasó. “Las cosas, aunque las demos una y mil veces vuelta, ya no se pueden cambiar. Esto pasó y tenemos que aceptarlo. Bauti hizo una travesura, se fue a andar en bicicleta sin avisar y eso le costó la vida. El nene que lo acompañaba y lo invitó a andar en bici también se siente un poco culpable, pero fue el destino. Estuvimos con él y realmente está muy mal. Lloramos juntos, nos abrazamos y le dije que lo que había pasado no era su culpa. Era su momento, y así lo tenemos que entender”, sostiene Mauricio. “Y quiero agradecer a todos y cada uno de los que se involucraron, porque sé que todos lo hicieron de buena fe, aunque no se pudo salvar la vida de Bauti”, resaltó.
Un día marcado
El martes del accidente Mauricio lo recuerda casi de principio a fin. Es que esa tarde, antes que le avisaron que su hijo había tenido un accidente, el encargado del establecimiento agropecuario le aviso que un amigo que trabaja con él en el campo había perdido a su madre.
“Fue un golpe duro, porque es un amigo de toda la vida. Pero nunca imaginé que esa misma noche iba a velar a mi propio hijo”. Bauti cumplió 9 años el 6 de diciembre pasado y disfrutaba de sus vacaciones cuando pasó lo que nadie todavía puede explicar. “La última vez que lo vi con vida fue en el campo, donde pasamos tres días hermosos e inolvidables. Me quedo con ese recuerdo, y pienso también en Valentín, su hermano, que nos necesita mucho en este momento”, expresó. “A Bauti lo quiero recordar bien, muchas veces cuando las cosas no venían bien en casa y yo me encerraba en la pieza a llorar, él venía y me abrazaba fuerte. Era un pibe hermoso, voluntarioso y muy solidario y por eso me cuesta mucho creer que no esté entre nosotros”, se lamentó.
Un siete bravo
Bautista jugaba en las inferiores de Boca Juniors, aunque paradójicamente era hincha fanático de River Plate. “No le importó eso, aunque sus amiguitos siempre lo cargaban”, recuerda Mauricio. Era delantero, media punta y muy habilidoso. Un goleador nato y muy carismático. “Me hablaron muy bien del 7 de Boca de Balcarce, tiene mucho talento”, dice una voz que sale del celular de Mauricio y que pertenece al relato del último partido que jugó Bauti en el torneo de Independiente en la ciudad de Mar del Plata. “Lo guardo porque el fútbol era su esencia. Vivía con la pelota. Iba a la escuela –la N° 4- y después siempre apurado para ir a entrenar. Miraba mucho a los jugadores de River, pero su gran ídolo era Cristiano Ronaldo, por eso el 7 en la camiseta. Admiraba a Messi también y siempre que íbamos para el club me decía que algún día iba a ser como ellos”, recuerda entre lágrimas un papá que no encuentra consuelo.
Enfocarse en los proyectos
Es muy difícil para los padres que pierden a un hijo volver a enfocarse en los temas de la vida cotidiana. Mauricio cuenta que quiere volver a tener la “mente ocupada” en algo para no seguir pensando en aquella noche trágica y en lo que sobrevino después. Contó que uno de los proyectos como familia era empezar a construir su casa en un terreno que compraron con su mujer después de mucho esfuerzo. En este sentido, mencionó que autoridades locales y el intendente de la Municipalidad de Balcarce se pusieron en contacto con ellos para ayudarlos a concretar ese postergado anhelo familiar. “Yo le expliqué al intendente que no tengo recursos para destinar ahora, pero sí más adelante. Trabajo en el campo desde hace muchos años y en el último tiempo hasta se nos había complicado para pagar el alquiler de la casa en el Club Boca, que ahora dejamos porque todo lo que hay ahí nos recuerda a Bauti. La verdad es que sacamos las cosas y no pudimos volver. Ojalá podamos levantar nuestra propia casita. La verdad es que yo no pido nada, sé que hay mucha gente solidaria que se ha acercado en estos días, pero todo en la vida me lo gané con mi propio esfuerzo”, indicó Mauricio en el final de la entrevista con La Vanguardia.
Un agradecimiento especial
Mauricio y Sonia quisieron especialmente agradecer, además de los nombrados en la crónica, al Hospital Municipal, a los doctores Eduardo Ordás, Dimarco y Julio Sturzenegger. También a Rocío Presentado, Silvana Hand y al grupo de enfermeros. Asimismo mencionaron a la Iglesia Cristo Poder y salvación, a la comisión del Club Boca, a padres y amigos del club, al intendente Esteban Reino y especialmente a Luis Mora.
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