Más moderador que conductor picante
Pero con la expectativa a tope, Maratea no habla de cifras, maletines ni presume en alta voz con Clarín cómo le calza de sisa el traje y la corbata. Antes de colgarse esa medalla, la del influencer pionero en liderar el formato, el joven conocido por sus colectas solidarias (y millonarias, como la de la beba Emmita y la compra del medicamento más caro del mundo) se presenta sin teleprompter a este medio.
“Son muy pocos los que me quieren de verdad y aprecian por fuera de lo que esté haciendo. El que me sigue, lo que le gusta son mis ideas. Y todo lo que hago es por el mero placer de plasmarlas”, cuenta y se enciende.
Y en ese trance de influencer a conductor (o influencer-conductor) la dinámica del ciclo, -el cuarto formato de Mandarina en América- acompaña el cambio de Maratea. Con nueva letra chica, estudio renovado, 20 millones de pesos en el podio y una extensión del show que auspiciará de reality paralelo en las redes.
“Entender más cómo funciona el mundo de la tele es innovador y nutritivo”, dice el creador de contenido con la credibilidad como bandera. “Fueron años de ir construyéndola y que de sus frutos”, subraya.
-¿Es tu ancho de espadas?
-Es una buena forma de verlo. Además de la credibilidad está el saber escuchar a los participantes y sus historias. Acompañar a construir su sueño y pasarla bien.
-¿Más moderador que conductor picante?
-Sí, obvio. Mi intención no es para nada ser un conductor picante o incomodar a nadie. Estoy del lado del participante. Es un programa de entretenimientos y no hay por qué ser políticamente incorrecto. Aparte estoy creciendo y no tengo ganas de ser el rebelde para siempre.
-No. Me parece medio absurdo. Uno puede rebelarse por distintas cosas, pero instalar esa rebeldía en la forma de hablar, vestir, querer mostrarse de todas las maneras posibles que lo sos, me parece para la adolescencia. Y un adolescente ya no soy. Quiero una vida más tranquila.