Al detectar gases y cambios químicos asociados al deterioro de los alimentos, los prototipos desarrollados por investigadores peruanos buscan mejorar la seguridad alimentaria, reducir el desperdicio y ofrecer información más precisa que las fechas de vencimiento convencionales
Investigadores peruanos avanzan en el desarrollo de tecnologías que podrían transformar la forma en que las personas verifican el estado de los alimentos. Un equipo de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha diseñado un prototipo de empaque inteligente capaz de advertir el deterioro de los productos mediante cambios visibles de color, ofreciendo una alternativa a las tradicionales fechas de vencimiento.
La propuesta busca brindar información más precisa sobre la frescura de los alimentos y contribuir a la reducción del desperdicio. De esta manera, los consumidores podrían identificar con mayor facilidad cuándo un producto sigue siendo seguro para el consumo y cuándo debe ser descartado.
Según los investigadores, el objetivo es ofrecer una herramienta sencilla y accesible que permita conocer el estado real de los productos.
“Queremos que las personas puedan reconocer fácilmente cuándo un alimento ya no está en buen estado, sin necesidad de interpretaciones complejas. El cambio de color actúa como una señal directa y accesible. Además de detectar la descomposición, estos materiales ayudan a extender la vida útil de los alimentos y reducen el riesgo de consumo en mal estado”, explica Suyeon Kim, investigadora principal y docente de Bioingeniería de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
La tecnología se basa en la incorporación de biosensores dentro del empaque. Estos elementos reaccionan a determinadas sustancias liberadas durante el proceso de deterioro, generando una respuesta visual que puede ser identificada de forma rápida por el consumidor.El sistema detecta variaciones en la acidez y la presencia de gases producidos por los alimentos cuando comienzan a descomponerse. Una vez identificados estos cambios, el biosensor modifica su color, indicando si el producto mantiene condiciones adecuadas para el consumo.
Para que esta solución pueda aplicarse de manera masiva, los investigadores trabajan en materiales que sean flexibles, de bajo costo, seguros para el contacto con alimentos y compatibles con criterios de sostenibilidad ambiental.
El funcionamiento del prototipo desarrollado en la UNMSM se basa en la reacción química entre la membrana y el amoníaco generado durante el deterioro de la carne. Cuando este gas entra en contacto con el sensor, se produce una modificación visible en su tonalidad.
La investigadora explica que esta señal permite conocer si el producto mantiene condiciones de inocuidad o si debe ser descartado para evitar riesgos en la salud de los consumidores.
“Por ejemplo, va a cambiar de color amarillo a naranja. Cuando esto suceda, nos va a indicar que la carne ya no es apta para el consumo, ya no es inocua; entonces esa carne ya se va a desechar”, concluye.
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