Por su parte, la pimienta blanca se obtiene eliminando la cáscara y la pulpa del fruto maduro. Para lograrlo, los granos se sumergen en agua durante varios días o semanas hasta que la pulpa se descompone, dejando únicamente la semilla, que posteriormente se seca y suele molerse.
Existen otras especias conocidas popularmente como pimientas —como la pimienta rosa, la pimienta roja o la pimienta de Sichuan—, aunque en realidad provienen de plantas pertenecientes a familias botánicas diferentes. El picor característico de la pimienta se debe principalmente a la piperina, un alcaloide que activa los nociceptores, neuronas especializadas en percibir estímulos dolorosos. Este compuesto actúa sobre canales iónicos denominados TRPV1, que normalmente se activan ante temperaturas elevadas o ambientes ácidos. Al estimular estos receptores, la piperina produce la sensación de calor o irritación asociada al consumo de esta especia.
Desde el punto de vista evolutivo, la piperina funciona como un mecanismo de defensa de la planta frente a los herbívoros. Sin embargo, las aves no poseen receptores TRPV1 sensibles a este compuesto, por lo que pueden ingerir los frutos sin percibir picante y dispersar las semillas en el entorno.
La pimienta fue utilizada durante siglos en prácticas de medicina tradicional. Se incluía en ungüentos y tónicos destinados a tratar diferentes dolencias, desde dolor muscular hasta trastornos sexuales. El interés histórico por esta especia fue tan alto que, según el escritor romano Plinio el Viejo, el Imperio Romano destinaba grandes sumas de dinero al comercio de pimienta con la India.
En la actualidad, investigadores analizan si la piperina posee propiedades que puedan tener aplicaciones médicas. Algunos estudios sugieren que este compuesto podría estimular las secreciones gástricas y pancreáticas, lo que favorecería la digestión y la absorción de ciertos nutrientes. También se observaron posibles propiedades antiinflamatorias, antibacterianas y antimicóticas.
Otros trabajos científicos exploraron su efecto en células cancerosas, donde se ha detectado un aumento de proteínas relacionadas con la apoptosis, el proceso de muerte celular programada. Estos hallazgos motivaron investigaciones sobre su potencial en enfermedades como la artritis, trastornos metabólicos o infecciones.
No obstante, los especialistas subrayan que estos estudios se realizan con piperina purificada y administrada en dosis controladas, lo que difiere significativamente del consumo cotidiano de la especia en pequeñas cantidades dentro de la dieta.
Aunque la investigación continúa, los expertos coinciden en que la pimienta no debe considerarse un medicamento ni un tratamiento para enfermedades. El estudio de sus compuestos bioactivos podría abrir la puerta a aplicaciones futuras, pero su uso actual sigue estando principalmente ligado a la gastronomía. Mientras la ciencia continúa evaluando sus posibles propiedades, la pimienta mantiene su lugar en la cocina global como una de las especias más utilizadas. Su presencia en platos de múltiples culturas refleja una tradición culinaria que se transmitió durante siglos.