María Florencia Divita es la hermana de Lucas, el nene que murió hace siete años al ser atropellado en la avenida San Martín. Dijo que pese a su lucha, y la de tantos otros, pocas cosas cambiaron y contó cómo es vivir a pocas cuadras del joven que mató a su hermano. Foto: La Vanguardia.
Si nada hubiera ocurrido aquella fatídica tarde del 24 de agosto de 2007, hoy Lucas Divita tendría 19 años. Sería una adolescente de los tantos que andan por la vida persiguiendo sus sueños. Jugaría al tenis, su pasión, o quizás el destino lo hubiera encontrado preparándose para comenzar una carrera universitaria. Como sea y de la manera que fuere, Lucas estaría aquí entre nosotros y no en un recuerdo permanente que duele como el primer día. Pasaron siete años y la herida sigue abierta. Sus familiares han procesado el dolor de una manera digna y envidiable aún a costa de los que prefirieron mirar para otro lado y olvidar. La presencia de su amigo Facundo, quien también fue atropellado aquella tarde en la avenida San Martín, es un testimonio vivo que nos compromete y nos hace más humanos. En el fondo, todos somos Lucas y todos somos todos ellos. La justicia avanzó con sus tiempos, aplicó una condena insignificante para tamaña imprudencia y sólo quedó la condena social. La muerte de un hijo, o de un hermano, genera un vacío que los familiares llevan en el corazón de por vida. Eso es lo que le pasa hoy a María Florencia Divita (29) la hermana de Lucas. En su casa recibió a La Vanguardia y siete años después volvió a recordar una tragedia que puso a su familia ante la instancia más difícil que se pueda imaginar. Seguir adelante después de una pérdida tan grande como la de Lucas significó para ellos una tarea que requirió algo más que una palmada en el hombro o un llanto compartido. Florencia está convencida que no hay accidente si se puede evitar. Y lanza una frase que sintetiza el dolor: “cuando hay una muerte la condena social no sirve”. El 23 de diciembre de 2008 la jueza, doctora Ana María Fernández, dictó sentencia en la causa de Lucas por los delitos de “Homicidio culposo agravado y lesiones culposas agravadas” contra Nahuel Hernández, en ese momento 20 años, quien maneja el Fiat 147 que atropelló a los chicos. El joven fue condenado a tres años de prisión de ejecución condicional y ocho años de inhabilitación especial para conducir vehículos automotores, según el dictamen. Florencia, como su familia, logró rehacer su vida y hoy sigue adelante. “Involucrarnos en su momento con la idea de mejorar el tránsito para que no haya más víctimas nos sirvió a todos, inclusive a la ciudad para empezar a hacer muchas cosas. Desde entonces, se han visto cambios y creo que nosotros pusimos nuestro granito de arena para que sucedieran cosas como el cambio en la avenida San Martín, los controles en el otorgamiento de las licencias, y las charlas de concientización que hoy continúan. Creo también que en estos años ha habido más accidentes pero menos muertes. Veo más conciencia en la calle, pero falta. Es como que ya nos criamos manejando mal, hacemos lo que hacen los otros, creemos que nunca nos va a pasar nada y sí nos pasa, entonces la gente juega con eso un poco y después se encuentra con que le mataron un hijo en la calle o en la ruta. Por eso me cuesta creer que la educación vial no sea una materia en los colegios y sólo se den charlas de vez en cuando. Acá el efecto multiplicador en los más chicos es clave. Ellos son la llave para educar a los que vendrán, por eso hablo de un proceso largo. Hay que educar con el ejemplo. Pero también como sociedad necesitamos que haya reglas claras, premios y castigos, y que quien mató pague. No puede ser que las víctimas estén desprotegidas frente a este tipo de injusticias. También hace falta decisión política, porque si no es como que siempre nos quedamos a mitad de camino”, expresó Florencia.
La lucha. Junto a Fabiana Manzur y José Joglar, Florencia fue una de las caras visibles de Valoremos la Vida, la ONG que se creó para defender y contener a las víctimas de accidentes de tránsito, además de impulsar acciones que tenían y tienen como objetivo revertir la problemática del tránsito en Balcarce. “Yo luché hasta acá, no transé con nadie y me quedo con haber logrado que se den charlas, que se haya podido hacer una obra en la avenida San Martín y tantas otras cosas. Pero es difícil a veces porque no sólo cargas con la muerte de un hermano, como en mi caso, sino con la burocracia del Estado y la lentitud de la justicia”, sostuvo.
Condena. Nahuel Hernández fue condenado por la justicia tras el accidente, pero la sentencia fue en suspenso. “Hernández tuvo su condena, una inhabilitación por 8 años para conducir, tuvo que registrarse en el Patronato de Liberados, y tuvo que realizar tareas comunitarias. No fue preso pese haber matado a una persona, y eso para nosotros sigue siendo inentendible”, dijo Florencia. “No hubo justicia, y mientras no cambien las leyes con estos homicidios culposos tampoco la habrá. El caso fue muy conocido, de gran repercusión mediática, pero la justicia no llegó como debería haber llegado”, enfatizó.
Emoción. Florencia mira la foto de su hermano en un portarretrato y no puede disimular la emoción. Los ojos vidriosos y la mirada fija dan la magnitud de una herida que aún hoy sigue abierta. “Yo hice todo lo que pude”, se confiesa, “y el reproche que tengo es para otras personas que prometieron cosas y no hicieron nada. Mi papá se enfermó después de la muerte de Lucas y vivimos situaciones límites. Ahí aprendimos que la muerte también es parte de la vida. Lucas tenía 12 años cuando pasó lo del accidente y hoy tendría 19, por eso me pregunto cómo sería. Al principio te peleas con todos, hasta con Dios, y después cuando pasan los años uno va creciendo en el dolor y ya esas preguntas las procesas de otra manera.
“Episodios horribles” Florencia se encontró varias veces con el joven que atropelló y mató a su hermano. Y eso ocurrió porque, además de vivir en Balcarce, su casa está a unas pocas cuadras de la suya. “Tuve unos episodios horribles con él, muy feos. Porque uno dice bueno, pobre, salió a la calle y se le rompió el auto, pero acá hubo una imprudencia y una irresponsabilidad gravísima. Me pasó de cruzármelo dentro del boliche, tuve que bancarme que se parara al lado mío provocándome, no diciéndome nada, y yo me preguntaba con qué necesidad. Después entendí que eso se llama impunidad. Por mi parte, la historia del accidente la logré cerrar, inclusive yo trabajaba ahí en El Cruce y pasaba todos los días. Quizás ahora uno piensa en la pérdida, en qué hubiese sido de Lucas y todo es muy doloroso. Uno se aferra mucho a la fe y ayuda mucho el creer en algo, a mí me ha pasado soñarlo a Lucas feliz y es como un imagen que me tranquiliza”, indicó.
La entrevista completa en la edición impresa.
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