Cuando comenzó la revinculación, Lorena pidió que Ángel estuviera acompañado por un psicólogo. “Cuando pedí eso me dijeron que la mamá tenía una denuncia terrible contra el papá. ‘Vos no podés pedir que se la estudie a la mamá’, me contestaron. Para ellas yo no era nada, solo la pareja de él”, confiesa.
De repente, el papá tenía una denuncia en su contra y Lorena “no era nadie” para reclamar que se cuide a Ángel.
“Ellas sabían que yo era la mamá, que el nene me llamaba así y no les importó mi opinión”, dice, mirando la carpeta del jardín. Ángel nunca llamó “mamá” a Mariela. “Él se enojaba cuando le decían que yo no era su mamá”. Pero igual los apartaron.
En noviembre les quitaron la tenencia y dictaron una perimetral por tres meses. No podían acercarse.
“Le dieron el cuidado a Mariela y a ella nunca lo tuvo porque lo cuidaba el tipo (Maicol). Un hombre que nos enteramos que tiene dos denuncias en Ushuaia de sus parejas, diciendo que le pegaba a sus hijos. ¿Protección no vio eso? ¿No investigó eso?”, cuestiona Lorena.
Ellos buscaron un abogado privado pero no podían pagarlo. Una vez que venció la medida en Febrero, Mariela accedió a que el papá vea al nene pero solo en su domicilio. “Pero si nos quería denunciar en la comisaría, cómo él se iba a arriesgar a ir a su casa. Nunca quiso visitas”.
El 9 de marzo fue el último día que vieron a Ángel. Lo trajo Maicol González, novio de la mamá biológica. Tenía picaduras y marcas en la cara. “Vino y no quería que le revisemos el cuerpo cuando él nunca tuvo problema. Le poníamos crema, hasta le compramos un secador de pelo”, revela.
Pensaron que con el video del nene diciendo que no se quería ir, Ángel iba a volver con ellos. “Ahora lo tengo en una tumba”, dicen.
“Leiva en los primeros días, cuando esa mujer se fue a Córdoba y me hizo una denuncia, me empezó a hacer un seguimiento. Era todo normal, me pedían las cosas y les presentaba todo. Yo le mandaba mensajes preguntando cómo iba todo hasta que cerraron el caso porque no me encontraron nada. Siempre lo llevé al control y estaba sano”, cuenta su papá.
Luis insistió pero nadie lo escuchó: “‘Acá la especialista soy yo, no vos’, me dijo Leiva. Yo les advertí a todos lo que iba a pasar. A toda la Justicia e incluso a la comisaría. Yo no lo veía bien a mi hijo. Al principio pensamos que éramos perseguidos pero después presentí”.
Y agrega: “Me dijeron que el nene había dicho que quería vivir con su mami y no con su papi. Y papi nunca me decía, sino papá. Ángel jamás diría eso. Fui a buscarlo y vino corriendo hacia mí, hasta lo filmé para mostrar. Ahí le dije a Lorena que nos estaban mintiendo. Siempre la llamó Mariela, nunca mamá", revela Luis.
Leiva les dijo que el nene vivía re bien con el sueldo de Mariela y su pareja, que el nene tenía su habitación. "Ella informó eso para que le den el nene a la madre. Leiva es responsable porque informó algo que era mentira. Nosotros somos humildes pero el nene tenía su habitación, no dormía con nosotros", explica Lorena.
“El nene fue a un comedor, con nosotros nunca fue a un comedor. Nosotros fuimos a la Justicia a pedir ayuda”. En medio del dolor, muchas personas le escribieron mensajes. “Sabés la cantidad de familias que se me acercaron diciendo que les pasa lo mismo”.
La habitación sigue intacta, esperando el regreso de Ángel. “Yo tenía un hijo, pero me lo sacaron", repite Luis.
Mientras tanto, afuera, en las calles, resuenan los pasos y voces de los cientos de vecinos que el viernes por la noche marcharon con velas y globos blancos por el centro de la ciudad hasta la sede de las fiscalías de Comodoro Rivadavia para reclamar justicia.