La palabra no es holograma, es algo bastante más cierto que ello. Y por el volumen y las frecuencias que emiten sobre todo el bajo y la batería -aquí hay que citar a Ricardo Mollo, el líder de Divididos, cuando dice que la música digital va a la cabeza y la analógica al cuerpo- empezamos a creer en lo que vemos. Volvió Soda Stereo.
Para muchos, los más chicos sobre todo, que se apretujan con alegría en el campo parados, es la única oportunidad que tienen de "ver a Soda", esa banda de la que tanto les hablaron sus padres, las que vienen escuchando desde la infancia en casa. No se cuestionan demasiado lo que ven: es un espectáculo de realidad virtual con músicos en vivo, la música es la original de Soda Stereo, con dos integrantes tocando sobre el escenario y con ese guitarrista que, si uno se deja llevar por la música, está a la par de sus dos compañeros. Toca diferentes guitarras (la Shecter azul, la Strato negra, la guitarra acústica en Un misil en mi placard) y hasta se ve en pantalla grande cuando pisa diferentes pedales.
Es lo más cerca que esos chicos van a estar de la leyenda: la del Bar Einstein, la de los Obras, la de las giras maratónicas por toda América, la de los shows enormes en River Plate. Pero también es tiempo real, un aquí y ahora que los invita a disfrutar, cantar y bailar a Soda Stereo en presente. Y tampoco son sólo chicos, gente que tuvo la oportunidad de ver a Soda Stereo en vivo también está en el Movistar, arengando, haciendo pogo o saltando de los cómodos asientos de las plateas para desgañitarse cantando "Te llevaré hasta el extremo, te llevaré, é, é, é" de Juegos de seducción.
Ecos comenzó con precisamente con la canción Ecos y de entrada hubo emoción, gritos y ovaciones. Nos piden que no filmemos ni saquemos fotos con los celulares, porque el brillo de las pantallas afectan al espectáculo. La tentación es grande, y aunque nadie tiene intenciones de arruinar la jornada, los telefonitos comienzan a salir de los bolsillos.
Segunda canción, la nombrada Juegos de seducción. Tercera, Hombre al agua, el telón semitransparente que cubría a los músicos se levanta, se prenden las pantallas gigantes y aparece la figura de Cerati para cantar Hombre al agua. Los gritos hacen creer que es el verdadero Gustavo. Enfocan sus dedos haciendo el riff de guitarra, sus labios cantando y su cara, la cara que nos podemos imaginar de un saludable Gustavo Cerati 2026, flaco, no demasiado envejecido.
Está claro que Ecos no es un tributo ni un homenaje, está concebido como un show, con lista de temas y hasta con el líder virtual dirigiéndose al público: "La espera terminó", dice su voz grabada, pero parece que lo dijera él, a esta hora y en este lugar. Lo mismo cuando se dirige a sus compañeros: "Hola, Zeta, Charly...".
Cabe aclarar que la voz y la guitarra que suenan en el espectáculo son originales de Gustavo Cerati y no Inteligencia Artificial. Soda Stereo se caracterizó siempre por grabar sus shows y los de la gira del regreso de 2007 están todos e intactos. Entonces, era cuestión de saber elegir las tomas existentes, combinarlas y que Zeta y Charly ensayen (mucho) sobre ellas. Se ve que lo hicieron a conciencia, para sonar como suenan, como la banda compacta que siempre fueron.
Pero también se puede pensar de otro modo. La gran mayoría de los músicos de rock (por no decir todos) aprenden sus instrumentos tocando encima de los discos de sus bandas favoritas. Zeta y Charly, sin hacer de esto un juicio de valor, están tocando sobre grabaciones de su banda, Soda Stereo.
La puesta en escena es muy buena, también. Cuando las luces que iluminan a Zeta y a Charly se mueven o cambian de color, también cambian para la figura virtual de Cerati. Es un espectáculo pensado para espacios cerrados (no se verán shows al aire libre), en el que por supuesto no faltan las canciones que sabemos todos, pero, claro, tratándose de Soda las sorpresas siempre van a aparecer.
Como así hay que reconocer que Soda fue una banda que se movió siempre a la vanguardia. Así como fueron los primeros en animarse a las larguísimas giras, a los cambios de looks y sonidos para cada discos, a la incorporación de samples para sus shows en vivo, también tiene lógica que sean los primeros en la Argentina en armar este espectáculo virtual.
Tras 19 canciones y casi dos horas de concierto, nos vamos a casa con sensaciones varias. La de haber vuelto a ver a la banda es una. La de que las canciones del grupo, el famoso legado que ninguno de la familia Soda Stereo quiere perder, sigue tan vigente como siempre y sumando nuevas generaciones. Y la de que el futuro llegó hace rato, también, pero que hoy nos vamos aún más convencidos de eso. El futuro estuvo un rato largo entre nosotros, con forma de trío.