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NOTA DE ARCHIVO LA VANGUARDIA

LENIN ESPINOSA: ´El golpe militar provocó una profunda crisis moral´

Redacción Vanguardia

Su padre fundó en 1914 el Partido Socialista en Balcarce. En la década del sesenta fue concejal, presidente del Concejo Deliberante y candidato a intendente. Dice que durante el golpe militar había que “esconder los libros y andar con cuidado”, aunque reconoce que nunca tuvo miedo.

Su historia personal es particular. Es uno de esos dirigentes que se formó con ideales y objetivos claros y creyendo en aquella olvidada premisa que sintetiza en el político a aquella persona que debe servirle a la gente y no al revés como parece suceder en la historia más contemporánea de nuestro país.
Con una sensación ambigua de melancolía y tristeza, Lenín Espinosa (86) desanda junto a La Vanguardia el camino de los recuerdos que lo depositan casi inevitablemente, por la fecha que se avecina, en la década del setenta, más exactamente en el año 1976 cuando los militares comandaron el Golpe de Estado que terminó con el gobierno de Isabel Perón.


“En esa época”, cuenta Lenín, “teníamos que esconder los libros que nos pudieran llegar a comprometer. Si bien no teníamos miedo porque en Balcarce las cosas no estaban tan mal como en otros lugares, siempre estaba esa sensación de angustia de no saber qué iba a pasar al otro día”.
“Más allá de los desaparecidos y de la destrucción de las instituciones, los militares en aquel momento le causaron al país un daño terrible, una herida que todavía hoy después de tantos años no está cicatrizada. Es que los militares no sirven para gobernar. La misión que tienen debe ser pura y exclusivamente la de cuidar nuestro patrimonio, nuestro suelo de algún ataque exterior”.

¿Qué recuerda de aquellos años?
Fueron años realmente muy duros. Si bien la historia de este país es bastante particular, los ciudadanos no somos proclives a aceptar gobiernos autoritarios, dictatoriales que han atacado lo más elemental para cualquier pueblo que es la libertad. De todas maneras, no quita que alguno haya pensado en aquellos años que debido al desgobierno que teníamos en ese momento, la llegada de los militares significaba una especie de aurora en una noche oscura. A medida que pasa el tiempo, las generaciones van entendiendo que el Golpe de Estado es lo peor que pudo haberle pasado institucionalmente al país.

¿Piensa que pueden hacerse varias lecturas de los acontecimientos?
No, en absoluto. La verdad es una sola. Y la realidad de lo que pasó quedó marcada a fuego en la crónicas periodísticas posteriores, aunque en algunos periódicos con anterioridad se hablaba de un movimiento “revolucionario emancipador”, y es así como pensaban muchos argentinos que creían que los militares se iban a encausar en una senda de respeto a la Constitución, la libertad y la tolerancia pero, demás está decirlo, eso nunca ocurrió. También recuerdo que se decía que los militares eran la única corriente capaz de imponer orden en el país. Y muchos argentinos pensaban que podían terminar con el desquicio que estaba gobernando en ese momento, con López Rega a la cabeza, metiéndose en tantas cosas que no eran correctas. Por eso digo que lo que pasó sólo puede analizarse desde la verdad histórica y la objetividad de los hechos que ocurrieron en aquel entonces.

¿Cree que esas heridas pueden cerrar?
-Mire, lo que pasó en 1976 fue el final de una serie de hechos muy tristes para el país. El golpe militar provocó una profunda crisis moral. Recuerdo que del ´60 al ´63, en pleno gobierno socialista, presidido por Alejandro Cano (P) y donde yo era concejal y después presidente del Concejo Deliberante, las cosas no fueron tan distintas. En aquel entonces, Cano no pudo terminar su mandato por la intromisión violenta de los militares. Para que las heridas empiecen a cerrar de una vez y para siempre es necesario que la Argentina atienda tres problemas fundamentales que requieren prioridad y suma atención. Ellos son la educación, la salud y la seguridad .Yo soy un enamorado de la democracia, de la justicia social tantas veces reclamada y pocas veces llevada a cabo. Cualquier gobierno que no atienda la salud y la educación no creo que pueda ser un gobierno que merezca la aprobación de los ciudadanos.

¿Había temor en aquellos años?
-Teníamos ciertos temores, hubo gente que tenía hijos que desaparecieron y eso todo Balcarce lo sabe. En esos años se fue acentuando la crisis moral, y el no respeto a la Constitución. Lo primero que hizo el gobierno de Videla fue disolver el Congreso, y cerrar los partidos políticos que son la base de la democracia y el sustento de la política, ejercida como debe ser, no la política para ocupar puestos y arreglar situaciones económicas personales. Los políticos deben estar al servicio de la población. Cuando nosotros estuvimos en el gobierno, los concejales no cobraban y sólo se trabajaba con el deseo de servir a la ciudadanía. Se hicieron, lo digo con cierta jactancia y vanagloria, obras fundamentales hasta que llegaron los militares y volvieron a sembrar el terror. Por eso hay que trabajar para fortalecer el sistema democrático.

 

Sin libros
Lenín Espinosa cuenta que ya en el año treinta los militares habían asaltado la biblioteca del partido socialista y que se habían llevado los libros para después tirarlos en un arroyo. “Recuerdo que aquel episodio sirvió para que en la Cámara de Diputados, el doctor Repetto, hiciera alusión al atropello que sufrió el Partido Socialista en Balcarce, cuando ciertos hombres armados se apoderaron del partido”.
“Después, en los años ´70, había una militancia casi secreta. Siempre con el temor de que viniera una orden de arriba para buscarnos y silenciarnos. Recuerdo que los libros que podían ser comprometedores los tuvimos que esconder porque, aunque parezca mentira, podían significar la persecución de una persona”.

Libertad de pensamiento
Sobre la realidad de aquellos años, Lenín dice que “los militares no han servido para emancipar, no son lo ideal para estar al frente de un gobierno y eso está claro. Gracias a la democracia se ha evolucionado; hay libertad de pensamiento, y se respeta la libertad de prensa, aunque no como uno quisiera”.

El cuadro de Videla
“Yo no puedo pensar que un criminal, por un encuentro de dos presidentes quede liberado de toda pena. La independencia de los poderes es fundamental, pero la justicia ha estado supeditada a los vaivenes del político de turno. El gobierno, si se cree democrático, debe creer en la independencia de los jueces y sus fallos deben ser inapelables. No alcanza con descolgar el cuadrito de Videla, eso es puro simbolismo. Los hechos deben ser los que manden en el país. La República quiere hechos, no quiere palabrería hueca. 

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