Sebastián Hamdan
Volver a levantarse: reinventó su vida mediante disciplina, resiliencia y constancia
Tras años de interrupciones y golpes personales, Sebastián Hamdan encontró en el gimnasio una salida y una nueva meta: volvió a competir y se coronó campeón. Relato íntimo de disciplina, familia y la fuerza del entrenamiento como terapia.
A los 52 años Sebastián Hamdan no solo recuperó un cuerpo: recuperó una historia. Lo que empezó como una pasión intermitente en su juventud se convirtió en una herramienta de supervivencia emocional y en un proyecto de vida que lo llevó a subir a una tarima y ganar. Esta es la crónica de un hombre que volvió a entrenar, planificó cada comida y cada descanso, y descubrió que el culturismo —más allá del físico— cura, ordena y da sentido.
Hace décadas Hamdan inició su recorrido en el mundo del físico culturismo, pero su carrera fue fragmentada por viajes, trabajo y prioridades familiares. “Nunca hice más de seis u ocho meses seguidos”, recuerda. La vida lo llevó hasta La Pampa, donde intentó mantener la rutina, aunque finalmente una lesión en los talones lo obligó a detenerse. Pasaron años de pausa hasta que, el año pasado, decidió retomar con decisión.
“Fue una salvación para mí”, dice. En un momento personal difícil, el gimnasio dejó de ser solo un lugar para moldear el cuerpo y se transformó en un refugio. “La mayoría de la gente no lo sabe, pero muchas personas que van a un gimnasio van a luchar contra batallas internas: problemas de salud, de autoestima, conflictos familiares. Es un lugar donde el cuerpo y la mente se juntan”. Para Hamdan, entrenar fue escoger una salida sana frente a otras posibles caídas: disciplina frente a autodestrucción.
Rutina y sacrificio
Su plan de entrenamiento combina constancia y lógica: dos sesiones diarias —una matutina centrada en piernas y otra nocturna para el tren superior—, con especial énfasis en recuperar el trabajo de piernas tras años de inactividad. “Lo dividí así para darle énfasis a las piernas”, explica, y aclara que la preparación cambia radicalmente cuando el objetivo es competir: mayor precisión en ejercicios, volúmenes y ritmos.
La dieta va al mismo ritmo de precisión. Hamdan calcula cada porción por peso corporal y pesa los alimentos con una balanza de cocina. Desayuna claras de huevo, sigue con pollo y ensaladas durante el día, incorpora yogur proteico y termina con carnes por la noche. “Tomo solamente agua; la suplementación es para reforzar la comida. Todo tiene un costo y un esfuerzo”. La alimentación es una maquinaria milimétrica que se ajusta según la fase de preparación.
La puesta a punto
El proceso de bajar el porcentaje de agua corporal antes de un torneo —la llamada “puesta a punto”— es una de las etapas más duras. Hamdan describe con detalle la progresión: comenzar tomando muchos litros de agua y reducir gradualmente hasta casi no consumir líquido en los últimos dos días; luego, una vuelta de hidratos de carbono para “llenar” los músculos. “Ese momento es el que más lo sufrís: se secan los labios, cuesta descansar, la cabeza está concentrada en la competencia y la falta de agua es terrible”.
Para lograr la calidad muscular que distingue a los competidores experimentados, él subraya la importancia del tiempo: “La calidad se logra con años de entrenamiento. Un chico joven puede tener buen tamaño, pero la definición y la calidad vienen con la constancia de muchos años”.
Descanso y recuperación
El entrenamiento exigente exige también periodos de descanso inteligentes. Hamdan habla del “efecto rebote”: descansar un tiempo —incluso 15 o 20 días de inactividad leve— permite que el cuerpo responda mejor al retomar. “No es un descanso pleno; siempre estás ligado al entrenamiento”, señala. Para él, el descanso forma parte de la estrategia: es cuando los avances se consolidan.
Consejos para empezar
A quien se inicia en este mundo, Hamdan le deja un consejo simple y alentador: el músculo no tiene edad. “Necesita estímulo, y se lo podés dar a cualquier edad”. Conoce historias de personas que comenzaron a los 70 y cambiaron su vida. La genética puede ayudar, pero el secreto —dice— es tiempo, constancia y disciplina. “Sin eso es muy difícil lograrlo”.
El triunfo más importante
Ganador de la Cuarta Sansón Cup en la categoría Mens Physique Challenger y Senior, Hamdan relativiza la medalla. “El logro más grande no es el día que te entregan la medalla, sino lo que uno logra en la rutina y en el proceso”. Para él, el verdadero triunfo es haber mantenido la constancia: ir al gimnasio “llueva o truene”. Ese día en la tarima, con 82 kilos y rodeado de su familia, tuvo un premio emocional extra: por primera vez sus hijos Amber (5) y Aron (10) lo vieron competir. “Festejamos ahí abajo y para mí ese momento fue más que la medalla; lo hablo y me emociono”.
Apoyos y comunidad
La vuelta de Hamdan no fue en soledad. Agradeció a su familia, a su hermana Cecilia, a su hermano Fernando “Tito” y al gimnasio La Fábrica Fitness por el espacio; a sus compañeros de entrenamiento Martín y David; a Tony Orono por la ropa de competencia y la asistencia en el escenario; a José Lombardo —su antiguo profesor de karate y vicepresidente de la federación—, quien lo convenció de competir; y a Melisa Roca por el apoyo psicológico y la dieta. “El ambiente entre competidores es cálido; nos damos una mano más allá de que seamos rivales”, apunta.
Volver a empezar
Su preparación hacia la Sansón Cup comenzó en octubre del año anterior y duró algo más de cuatro meses con un fuerte apoyo psicológico. “Fue como arrancar de cero”, cuenta. Ahora ya piensa en el próximo torneo en mayo y en el objetivo mayor: lograr un podio en el Nacional y, si todo sale bien, representar a Argentina en el Sudamericano. La ambición no contradice la mesura: sabe que cada paso es el resultado de pequeñas decisiones diarias.
La historia de Sebastián Hamdan no es solo la crónica de un deportista que retomó una disciplina: es la prueba de que la disciplina física puede ser una terapia, un rehacer del yo. Para quienes dudan si empezar o retomar, su mensaje es claro: comience, aunque sea una hora al día; esa hora puede terminar siendo un seguro de vida. En su caso, la tarima fue el escenario, pero el verdadero premio fue la reconstrucción cotidiana: la suma de madrugadas, comidas medidas, descansos planificados y una red de apoyo que sostuvo el proceso.
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