Martina Agüera y Yanella Blanco
Pasión por la danza: un refugio donde se construye entre sueños, cuerpo y comunidad
Dos jóvenes directoras transformaron la curiosidad por el movimiento en un centro artístico donde la técnica convive con la libertad, la memoria y el compañerismo. Martina Agüera y Yanella Blanco cuentan cómo nació Plataforma 721, cómo trabajan con sus alumnas y alumnos, y qué significado tiene la danza en sus vidas.
Hace apenas dos años, en una esquina de la ciudad, se abrió una puerta que poco a poco fue convocando a quienes buscan algo más que una clase: un espacio seguro para expresarse, aprender y pertenecer. Plataforma 721 nació de un anhelo compartido y hoy funciona como casa para niños, jóvenes y adultos que encuentran en la danza una disciplina, una terapia y un proyecto colectivo. La Vanguardia conversó con sus directoras, Martina Agüera y Yanella Blanco, para reconstruir ese trayecto y comprender qué las mueve.
Para Martina, la danza llegó desde la curiosidad: “quería conocer el mundo de la Danza hacía años y nunca me había animado”. Doce años después de empezar a bailar, aquello que fue una exploración se convirtió en su trabajo y en “el proyecto más grande”. Ella resume su vínculo con la danza en palabras que no admiten medias tintas: “hoy es todo, es mi casa, mi sueño, mi refugio y por sobre todas las cosas eso que me impulsa a seguir creciendo sin ningún tipo de barrera”. La danza, dice, es una herramienta de crecimiento continuo: “nunca dejas de crecer, solo pasa si vos decidís que sea así”.
El camino de Yanella también parte de la infancia: imitaba videos en su casa hasta que, a los 14 años, asistió por primera vez a una clase y no dejó de bailar. Para ella la danza es “prácticamente un motor”: trabajo, proyecto y terapia. Enseñar y bailar le permitió crear vínculos que describe como “hermosos” y conservar un espacio de libertad para descargar y expresar.
Estilos, pasión y enseñanza
Cuando se les pregunta por un estilo preferido, ambas evitan la elección tajante. Martina confiesa su inclinación por el Hip Hop: “me cautivó desde el principio y me abrió la puerta a este increíble mundo. Es un estilo que tiene un lugar muy grande en mi corazón: su historia es tan hermosa y cautivadora”. Yanella, por su parte, elige el Reggaetón para niñas de 8 a 12 años: “es muy divertido de escuchar y bailar. Me gusta la idea de que aprendan que pueden bailar lo que quieran y ser libres, siempre y cuando entiendan qué le corresponde a cada edad”.
Ese equilibrio entre respeto por la historia de una disciplina y adaptación a las edades y motivaciones de las alumnas es una línea que atraviesa su enseñanza: cada estilo aporta “una marca diferente”, y cada clase busca combinar técnica y disfrute.
La génesis de Plataforma 721
Plataforma nació “por querer apostar a algo propio y abrir las puertas de un Centro Artístico donde todos sean bienvenidos”. Ese deseo fundacional fue tomando forma con trabajo y constancia: “es un sueño muy hermoso que a lo largo de estos 2 años fue tomando forma y superando cualquier tipo de expectativa”. Su objetivo es claro y afectivo: que el espacio sea “SU ESPACIO” de cada estudiante; un lugar donde la seguridad y el sentido de pertenencia sean prioritarios. Con cada año, la comunidad crece, y con ella la convicción de que los sueños pueden concretarse.
Las clases en Plataforma 721 combinan exigencia técnica con una apuesta fuerte al clima grupal. Martina enfatiza el compañerismo por encima de la competitividad: “busco que ese apoyo y compañerismo crezca con cada clase... que cada clase sea una fiesta”. Su planificación incorpora desafíos coreográficos constantes y un trabajo energético propio de las danzas urbanas, con el propósito de transmitir al grupo que “acá nadie es mejor que nadie” y que el aprendizaje es colectivo.
Yanella completa la visión con el foco en la comodidad y la motivación: “me interesa que vengan a divertirse y pasarla bien, obvio sin dejar de lado lo técnico”. Para ella la motivación nace de sentirse a gusto en un lugar donde se encuentran personas con las mismas ganas y buena onda. En suma, la técnica y la diversión no son opuestos sino aliados para sostener la práctica.
Elección musical y proceso creativo
La música y la coreografía aparecen como dos ejes inseparables del proceso creativo. Martina parte de un objetivo pedagógico: selecciona la música según lo que quiere enseñar en la coreografía —líneas, proyección, etc.— y a partir de allí van surgiendo los pasos que mejor comunican esos objetivos. Yanella, en cambio, admite que muchas veces la música “es lo primero que me llega”: una canción despierta una idea y a partir de ella se diseña la clase y la coreografía, modulando dificultad y objetivos.
Preparación para presentaciones: tiempo, coordinación y brillo conjunto
Las muestras y presentaciones públicas son instancias centrales para consolidar el trabajo: ambos equipos comienzan a montar con al menos tres meses de anticipación. Martina explica que prioriza el “marcado coreográfico” y luego corrige rigurosamente cada parte de la performance para lograr prolijidad, coordinación y energía. Su meta es que “todos se luzcan igualitariamente”: eso exige trabajo en equipo dirigido hacia un objetivo común. El grupo de competencia, en tanto, se entrena durante todo el año para estar listo en etapas de evaluación.
Yanella coincide: la anticipación brinda comodidad a los chicos para marcar con calma y pulir detalles; su énfasis está en la coordinación y la prolijidad.
Beneficios físicos y emocionales de bailar
Más allá de la mejora de la condición física y muscular, ambas directoras destacan dos efectos profundos y quizá menos visibles. Martina subraya el enorme entrenamiento de la memoria que supone la práctica: “es increíble cómo los bailarines tienen la capacidad de memorizar varias coreografías...”. Yanella divide la mejora en dos grandes aspectos: movilidad —la importancia de no dejar el cuerpo quieto y hacer del movimiento un hábito— y emocional —bailar reduce el estrés y funciona como soporte en tiempos complejos—. En conjunto señalan que la danza aporta salud corporal y bienestar mental.
Quiénes pueden sumarse y dónde encontrarlas
Plataforma 721 está abierta a todos los interesados. El staff está compuesto por seis profesores: Luisina Marchetti, Agostina Rumianick, Morena Sosa, Carlos Cuevas, Yanella Blanco y Martina Agüera. Las clases se dictan en Centenario N° 1331, entre 43 y 45; también pueden encontrarlas en redes sociales en _.Plataforma721.
Un sueño compartido y en crecimiento
Los deseos al frente de Plataforma 721 son modestos en la forma y ambiciosos en la intención: que el proyecto siga creciendo, que llegue a más gente y que siga siendo ese refugio y familia que hoy representa. Martina sueña con ver cómo la escuela sigue expandiéndose “incansablemente” y cumpliendo proyectos; Yanella espera aportar “un granito en las vidas” de quienes se acerquen y dejar una marca en Balcarce.
Plataforma 721 es, en palabras de sus directoras, un espacio que se construye con movimiento, paciencia y afecto. Allí la danza es técnica y también cuidado; es memoria y liberación; es trabajo y celebración comunitaria. Lo que empezó como curiosidad y deseo de probar, hoy es una casa donde aprender a bailar se transforma en aprender a pertenecer.
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