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Manuel López Melograno

"La pesca es un estilo de vida que se transmite de generación en generación"

Redacción Vanguardia

Pescador deportivo desde niño, socio del Club de Pesca Balcarce y competidor provincial, Manuel contó cómo la pasión por la caña le dio amigos, enseñanzas y viajes; defendió la conservación del recurso y celebra la sociabilidad que genera la actividad.

En la foto: Manuel con su abuelo Alfredo y su primera caña de fibra.

 

A los 42 años, Manuel López Melograno revive en cada palabra la imagen de su primer contacto con la pesca: una cañita de tacuara y su abuelo materno. Socio y cadete desde los 13 en el Club de Pesca Balcarce, Manuel transformó una infancia de arroyo y bicicleta en una pasión que incluye competencia, viajes y un fuerte compromiso por cuidar las aguas para las generaciones futuras.

—Pescas desde los 2 años...  

—Sí. Una locura: ya son 40 años. Justo estaba buscando en la biblioteca de casa una foto con mi abuelo Alfredo en el colegio, con la primera cañita de niño. Él fue quien me inició en la pesca deportiva y me regaló mis primeras cañas. Después hubo una aceleración cuando, en la preadolescencia, entré al Club de Pesca Balcarce; le estaré eternamente agradecido porque es como mi lugar en el mundo. Desde los 13 fui socio y cadete; concursábamos con un montón de amigos. Para nosotros la pesca deportiva es una forma de vida. Tratamos de cuidar el recurso para que las siguientes generaciones puedan disfrutarlo.

—Antes era común que un padre o un abuelo regalara la primera cañita. ¿Eso se perdió?  

—Para mí fue así. Empecé en un arroyito con una caña de tacuara, una boyita de plástico y un anzuelo chiquito para mojarrear. Esas vivencias calan hondo y perduran. Hoy hay más tecnología y otra oferta, pero la sensación del primer contacto sigue siendo la misma.

—¿Por qué pescás? ¿Qué te atrae?  

—Ahora también hay un componente deportivo: Balcarce cambió mucho con bici, maratón, running. A mí me marcó recorrer arroyos como El Crespo, El Grande o El Pantanoso con la bicicleta y los amigos; era una aventura. Más tarde pasé de la laguna al mar: conocer lugares, viajar y compartir la naturaleza. La adrenalina de sacar un pez del agua sigue intacta. Con la edad disfrutás más la previa: organizar el viaje, la comida, los equipos. Pero el mayor tesoro de la pesca son los amigos, compañeros y maestros del club: gente que te dedica tiempo y te transmite saberes.

—En la pesca, ¿qué pesa más: talento o técnica?  

—Creo que hay poco de innato; se desarrolla con técnica y práctica. En nuestro equipo de competición la destreza, la rapidez y la técnica son fundamentales. La tecnología en indumentaria y equipos influye, pero no lo es todo. La pasión contagia el deseo de aprender tácticas distintas: por ejemplo, cuando quise hacer fly cast me di cuenta de que gran parte de lo aprendido no servía porque es otra técnica de lanzamiento y de interpretación del lugar.

—¿El pescador es competitivo? ¿Mira al de al lado?  

—Sí, hay competitividad y también mucho de puesta en escena: hoy con los celulares todo queda registrado, y con la IA se manipulan imágenes, je. He tenido la suerte de sacar piezas importantes, como un dorado de 13–14 kg en Corrientes y un salmón de 9 kg en Mar del Plata. Pero para mí lo importante son los recuerdos y la camaradería.

—¿Hay distintas familias de pescadores (río, laguna, mar)?  

—Sí. Hay quien pesca solo en el mar, quien prefiere agua dulce o arroyos y canales. La pesca embarcada tiene la cuestión de las mareas y el mareo, que limita a algunos. Acá cerca tenemos Mar del Plata, Miramar, Necochea: pesca todo el año. Balcarce ha dado buenos pescadores; hoy con las redes es más fácil detectar a quienes exageran las historias.

—¿Existen cábalas o supersticiones entre pescadores?  

—Como en el fútbol, hay rituales: ropa, gorras, manías. No soy muy supersticioso, pero hay muchos cabuleros; forman parte del folclore y las anécdotas.

—¿Qué rol juega el silencio durante la pesca?  

—En ambientes naturales el ruido es clave. En la laguna, cuando está planchada, un bote a 400 metros se escucha. En el mar es menos sensible, pero en arroyos o canales el silencio ayuda. Hay que evitar golpes que retumben y moderar el volumen de las conversaciones.

—¿Siempre hay comida, asado y buena compañía?  

—Casi una ley. Me encanta cocinar: desde un asado en el club hasta unos bifes en el bote. La comida y la hidratación son fundamentales.

—¿Puede la pesca ser una herramienta social?  

—Totalmente. Como en otros deportes, la pesca ayuda a restablecer infancias y trayectorias; es una actividad que permite sociabilizar y rescatar valores. Para muchos chicos puede ser una vía de contención y aprendizaje.

Para Manuel López Melograno, la pesca no es solo técnica ni recuerdos: es comunidad. Entre la caña heredada, los maestros del club y las jornadas de río y mar, la actividad funciona como escuela de vida y como promesa de que el recurso, bien cuidado, seguirá dando encuentros y enseñanzas a las próximas generaciones.

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