Gustavo Levine tras su paso por Brasil
"La cultura de la práctica constante y la aceptación social de la mujer futbolista son inspiradoras"
El director técnico y recreólogo, con Licencia PRO CONMEBOL y certificación en Psicología Deportiva, contó su paso por clubes y playas brasileñas, analizó diferencias con el fútbol femenino argentino y explicó qué prácticas piensa incorporar en sus equipos.
El profesor Gustavo Levine viajó recientemente a Brasil, centrando su estadía en Canasvieiras (Bahía), para combinar unas vacaciones con una inmersión profesional en el fútbol femenino local. Allí observó entrenamientos, recorrió clubes y espacios deportivos, practicó con veteranos y vivió la cultura futbolera de cerca. En una entrevista con La Vanguardia, explicó las impresiones que le quedaron, las diferencias con Argentina y las medidas concretas que planea aplicar en sus planteles.
—Estuvo de viaje por Brasil para sumar experiencia...
—Sí. Elegí Brasil porque su cultura me atrae, me gusta el idioma y porque el fútbol está presente en todos los rincones: calles, potreros, montes y playas. Estuve la mayor parte del tiempo en Canasvieiras, en el Estado de Bahía, a unos 1.500 km al norte de Río de Janeiro. Es una ciudad de aproximadamente 47.000 habitantes cuyo modo de relacionarse —cálido y comunitario— me recordó mucho a Balcarce. Fui de vacaciones, pero aproveché para jugar con un grupo de veteranos (allí se autodenominan “Babas Dos 40”) y para compartir partidos y entrenamientos con hombres, mujeres y niños en distintos espacios. En Brasil la pasión por la pelota es la misma que en Argentina.
—¿Qué lo motivó a visitar clubes de fútbol femenino en Brasil?
—La motivación principal fue profesional: quiero seguir creciendo y aprendiendo. Observar otras realidades —cómo organizan, entrenan y desarrollan talento— enriquece la práctica y permite incorporar ideas nuevas. Aprender es un proceso continuo y este viaje fue una oportunidad para ampliar mi repertorio técnico y pedagógico.
—¿Notó diferencias en el aspecto físico, en el juego o en los métodos de entrenamiento entre el fútbol femenino argentino y el brasileño?
—Visitar los espacios y presenciar entrenamientos fue muy revelador. En las categorías infantiles es común el entrenamiento mixto —varones y nenas comparten ejercicios—, lo cual facilita la socialización y la competencia desde pequeños. En lo físico, hay diferencias que tienen un componente genético real; no obstante, los métodos de preparación física son bastante similares a los que utilizamos en Argentina. En lo técnico, el clima y la costumbre de jugar en la playa favorecen una práctica continuada y variada desde edades tempranas, lo que acelera el desarrollo de gestos técnicos y creatividad. También es notable la aceptación social de la mujer futbolista: hay símbolos visibles de reconocimiento, como la gigantografía de Marta en el estadio Maracaná.
—¿Qué lo sorprendió de las jugadoras brasileñas? ¿Y del entorno del fútbol femenino allí?
—Me sorprendió la intensidad con la que muchas mujeres practican disciplinas relacionadas, especialmente el fut‑voley. En Río de Janeiro vi que muchas mujeres toman clases y entrenan fut‑voley varias horas al día; es una práctica muy incorporada. Eso potencia el dominio técnico, la coordinación y el control del balón en espacios reducidos, y luego se traslada al rendimiento en competiciones de fútbol. También me llamó la atención la naturalidad con que juegan en la playa y en espacios públicos: esa exposición temprana contribuye a la confianza técnica.
—Institucionalmente, ¿cómo está organizado el fútbol femenino en Brasil y qué diferencias hay con Argentina?
—Brasil cuenta con torneos nacionales y estatales, con más de una categoría por liga. Sus selecciones femeninas suelen dominar a nivel sudamericano y son protagonistas en mundiales; sin embargo, aún buscan la consagración en una Copa del Mundo. Un problema recurrente es la economía: para la temporada 2026 varios clubes han recortado presupuestos y algunos, como Fortaleza tras lograr el ascenso, llegaron a dar de baja su equipo en la máxima categoría. Esto muestra una contradicción: hay estructuras de competencia amplias, pero la sustentabilidad económica es frágil en ciertos clubes. En Argentina hay paralelismos: clubes que apuestan seriamente por el fútbol femenino y otros que recortan o retiran apoyos. El desafío institucional es similar en ambos países.
—¿Cómo cree que se puede fomentar más el fútbol femenino en Argentina?
—El camino pasa por sostener y profundizar el trabajo en categorías infantiles y juveniles. Las acciones que llevan adelante AFA, el Consejo Federal y las ligas son fundamentales: formación de entrenadores, políticas de base y estructuras que permitan la práctica cotidiana. En Primera División hay que mejorar el espectáculo —calidad de partidos, organización de los eventos y difusión— para atraer más público y patrocinio. Además, quienes entrenamos debemos capacitarnos permanentemente y completar las formaciones necesarias para ofrecer a las jugadoras una preparación integral: técnica, táctica, física y psicológica.
—¿Qué aprendizajes concretos se trae de Brasil y cómo los aplicaría en su equipo?
—Traje dos conclusiones claras. Primero: entrenar mucho más la técnica. El desarrollo temprano y constante de gestos técnicos en Brasil es una ventaja decisiva; por eso en mi trabajo pondré énfasis en ejercicios de control, juego en espacios reducidos, trabajo en playa cuando sea posible y fut‑voley adaptado. Segundo: ampliar la mirada al momento de reclutar. En mis pruebas no exijo experiencia previa en clubes; abrir las convocatorias permite descubrir talento no registrado y ampliar la base de selección. He incorporado jugadoras sin historial competitivo que respondieron excelente en competencia. Esa política amplía la posibilidad de encontrar calidad dentro de mayor cantidad, acercándose a la lógica de aprovechamiento de Brasil.
—Para cerrar: ¿qué imagen se lleva de ese fútbol y qué significado tiene para su trabajo diario?
—Me llevo la imagen de una pasión cotidiana: niños y niñas jugando en empedrados, veteranos en plazas, mujeres entrenando fut‑voley en la playa. La cultura de práctica constante y la aceptación social de la mujer futbolista son inspiradoras. Para mi trabajo significa reforzar la técnica desde lo formativo, abrir más puertas en procesos de selección y seguir capacitándome para ofrecer a las jugadoras condiciones de desarrollo más completas.
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