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Sociedad

La historia de Antonella: superó el bullying y se transformó en un ejemplo de vida

06.05.2018 | Desde que nació, Antonella Soler sufre de hipoacusia. A los 20 años, y tras superar las consecuencias de la discriminación, consiguió su primer empleo en la Cooperativa de Electricidad. La inclusión social como política integradora.


No hay un momento de la charla en la que Antonella Soler (20) no sonría. Está feliz. Su rostro lleno de luz y esperanza invita a pensar que, en verdad, nada es imposible. Antonella rompió  las barreras que no la dejaban avanzar. Luchó contra lo que parecía inalcanzable y su voluntad se multiplicó tanto que movió montañas de insensibilidad y desinterés. Sufre de hipoacusia, pero interactúa, decodifica perfectamente el movimiento de los labios de su interlocutor  y se hace entender. A poco de nacer, sus papás Hugo y Stella notaron que algo no iba bien. “Nos dimos cuenta que no escuchaba, y eso fue un drama porque uno no sabe qué hacer”, dice la mamá. Desde entonces, la contención de su familia, la ayuda profesional, y una actitud a prueba de todo la llevaron a sobreponerse a momentos duros de su infancia. El bullying y la despiadada discriminación de quienes veían en ella a alguien distinto no pudieron con su temple, todo lo contrario. Sus ganas de vivir y su fortaleza interior la llevaron a sortear obstáculos, a defender sus derechos y transformó el drama en una motivación casi cotidiana. Fue al jardín, cursó la primaria y la secundaria y hace dos años decidió que era tiempo de trabajar. Paralelamente comenzó a estudiar para maestra especial, pero al año dejó por un problema de salud. Pese a que se le cerraron muchas puertas, siguió buscando y pidiendo una oportunidad en un sistema donde todavía la inclusión social y laboral de las personas con alguna discapacidad es la excepción y no la regla. Hace tres meses –asegura- recibió una noticia que le cambió la vida. No sólo había conseguido un empleo, sino que un moderno dispositivo puesto a su disposición le permitiría realizar una tarea impensada como la atención al público en una institución de servicio. Fue la Cooperativa de Electricidad la que incorporó a Antonella al mundo laboral formal. La entidad de avenida Kelly cumple una función social trascendente, que tiene poca prensa, pero que vale poner de relieve ya que junto a Antonella otros chicos encontraron allí sus primeras oportunidades de trabajo. Esa apertura de la Cooperativa sintetiza, quizás, el espíritu que debería percibirse en las instituciones intermedias, pero fundamentalmente en el Estado Municipal. “Estoy inmensamente agradecida a Jorge Guzmán y a todos los integrantes de la Cooperativa”, mencionó Antonella.

Primer empleo. Antonella –quien ama la fotografía y el año próximo comenzará a cursar una carrera universitaria a distancia- trabaja en el sector de atención al público de la Cooperativa de Electricidad General Balcarce. Un cartel blanco con letras negras pegado en el frente de su monitor hacia el público indica de qué manera deben proceder los usuarios que concurren a la entidad para realizar distintos trámites. Un micrófono y un teclado hacen las veces de traductor de texto y voz  para facilitar la conversación. “Es una oportunidad que valoro mucho. Puedo hablar ya que  leo los labios, gracias al acompañamiento de mis padres que me ayudaron en este camino. Tengo compañeros muy buenos y educados que me contienen y hacen las cosas más sencillas”, le dijo Antonella a La Vanguardia a través de una aplicación en su celular que transforma el texto en voz para darle vida a las palabras que escribe a la velocidad de la luz en el teclado de su teléfono.  

-¿Cómo fue tu infancia?-Mi infancia no fue muy fácil. Por suerte tengo a mis padres que estuvieron siempre para seguir adelante porque sufría mucho el bullying. Pero ellos me enseñaron a ignorar lo que dicen los demás, porque la vida tiene vueltas y les hice caso, la verdad que fue como un golpe para mí que me discriminaran pero puedo decir que superé el bullying.

-¿Qué tipo de discriminación sufrías?-Siempre me decían que nunca iba a poder terminar la secundaria por ser discapacitada y me pegaban siempre, eso no fue nada fácil, yo ahora puedo decir que la discapacidad no impide nada que puedo hacer aquello que me gusta porque somos todos iguales, nadie nace para ser perfecto y ahora que estoy acá puedo escuchar y hablar claramente.

-¿Cuándo te diste cuenta que podías superar eso y hacer una vida normal?  -La verdad me di cuenta que si seguía sufriendo el bullying no servía para nada y decidí ignorarlos porque yo sabía que la vida tiene vueltas. A mí me costó mucho terminar la secundaria y mis padres me seguían alentando para que pueda terminar y tener una vida normal, sin ellos sería muy diferente en este momento.

-¿Qué cosas te gustan hacer y qué imaginas para tu futuro? ¿Qué sueños tenés? -El año que viene empezaré a estudiar para contador público. He decidido que voy a  cumplir mis metas y mis sueños porque sé que puedo hacerlo, no hay nada de que tener miedo, siempre hay que arriesgarse para poder cumplir un sueño. Quiero que sepan que los discapacitados pueden hacer todo aquello que se proponen y más. Nunca hay que detenerse.

-¿Qué le dirías a alguien que está en tu misma situación?-La verdad que les diría que persigan sus sueños, aunque cueste. Soy hipoacúsica, aclaro, porque algunos se confunden y piensan que soy sorda y no puedo hablar. No me interesa si no me aceptan como soy porque la verdad es que estoy muy orgullosa de mi misma, me puedo aceptar con mis defectos y mis virtudes y hago respetar mis derechos.

-¿Qué cosas te dan bronca o impotencia?-Las injusticias que hay en este país. Me da bronca también que me juzguen sin conocerme. Por ejemplo, cuando se burlan de mí en la calle. Todas las personas somos iguales y tenemos que entender que un discapacitado no es más ni menos que nadie. Lamentablemente en el país hay mucho bullying, y eso me da lástima y tristeza.

-¿Cuál fue la primera palabra que transmitiste por señas cuando empezaste a comunicarte?   -La primera vez que completé una frase fue; “feliz cumple mamá” cuando tenía 5 años. Fue todo un logro, pero lo más lindo es la primera vez que escuché, y fue cuando mi papá me dijo “te amo”. No lo podía creer, fue un paso muy importante para mí en mi relación con mi familia y seres queridos. Entendí ese día que el amor todo lo puede.

La nota completa en la edición impresa. 

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