27.01.2012 | Poniéndole punto final a una carrera deportiva, en la cual tuvo la oportunidad de haber alcanzado lo máximo dentro de su profesión, actuando tanto en los torneos de AFA como en el plano internacional, el árbitro asistente balcarceño Sergio Javier Cagni, decidió alejarse definitivamente de la actividad. El prolongado tiempo que demandó la recuperación de una lesión sufrida en su rodilla derecha resultó determinante a la hora de tomar esta decisión.
UNA LESION COMPLICADA
Lamentablemente, el 2010 le deparó una noticia inesperada. El recrudecimiento de los dolores en la rodilla derecha, determinaron que se realizara una serie de estudios. Los mismos arrojaron que había una lesión ligamentaria y de meniscos. De ahí en más, no quedó más remedio que recurrir a la intervención quirúrgica.
La misma se realizó el 20 de junio, en un quirófano de Mar del Plata, aunque con un profesional balcarceño. En ese momento Martín Palermo hacía historia marcando el segundo gol del seleccionado argentino en la victoria argentina ante Grecia, en el estadio "Peter Mokaba" de la ciudad de Polokwane, en pleno Mundial de Sudáfrica.
A partir de allí comenzó el trabajo de rehabilitación. Primero le colocaron una férula que le inmovilizó la zona por espacio de un mes. Luego fue el tiempo de la rehabilitación quinesiológica. Todo ese esfuerzo de más de 8 meses no alcanzó y la idea de decirle adiós al referato terminó concretándose.
Ahora, con 46 años cumplidos (el pasado 22 de agosto) y su retiro consumado le concedió una entrevista exclusiva a LA VANGUARDIA y a PASION 5 en la cual analizó distintos aspectos de su carrera deportiva.
LA DECISION
-¿En qué momento decidiste el retiro?
-La decisión surgió casi por decantación. Lamentablemente la pierna no respondió como esperaba y entonces tomé la determinación. Podría haber esperado, ya que aún me queda un año por delante, de acuerdo a la reglamentación, pero no le encontré el sentido de dilatar la situación. Es más, quizás debería haber arrancado actuando otra vez en la Primera "B" Nacional, lo cual hubiese sido un retroceso en mi carrera.
-¿Cómo fue ese momento?
-Fue muy duro, como te imaginarás. No fue nada sencillo dejar de arbitrar, que es lo que más me gusta. Esto es una pasión. La misma que siente cualquier otro deportista que practica una disciplina. Además, debo reconocer que me hubiese gustado poder despedirme en una cancha. Pero bueno, no siempre las cosas salen como se las planea.
-Ahora es el momento de los balances.
-Y el mío es ampliamente positivo. La verdad, es que nunca esperé llegar tan lejos. Todo se fue dando de una manera vertiginosa. Llegué a la primera división, donde estuve en partidos muy importantes. Después ingresé al plano internacional, actuando en Copa Libertadores, Copa Sudamerica, en Eliminatorias y hasta pude estar en un Mundial. Todo ha sido extraordinario, porque pude cumplir mis objetivos.
-Contame algo del Mundial.
-Fue un momento único. Cuando estaba a punto de jugar mi primer partido sentí una emoción tremenda. Me decía "mirá hasta dónde llegaste". Era una sensación extraña, entre alegría y tristeza, porque me hubiera gustado mucho compartir ese momento con mi viejo, que fue quien me trasladó la pasión por el arbitraje, y con mi familia. También pensé mucho en Balcarce, en mis amigos.
-Se nota la emoción cuando hablás de tu padre.
-Seguro. Fue muy importante en mi vida. Por todo lo que me enseñó para llevar adelante esta hermosa profesión. Era un apasionado del arbitraje y me lo transmitió. Siempre tuve la sensación que me acompañaba. Cada vez que ingresaba a un terreno de juego, miraba hacia arriba y me parecía verlo. Pero más allá de lo deportivo, lo más importante, es que fue una gran persona en todo sentido.
HABLANDO DE ARBITRAJES
-¿Cuál fue la cancha más complicada en la que te tocó actuar?
-Siempre recuerdo un partido en Río Negro. Era una de mis primeras designaciones. Jugaban Cipolletti y Rosamonte, por el viejo torneo Regional. La gente estaba muy cerca del alambrado y en algún momento me sentí inquieto por el clima que se vivía.
-¿Y en las canchas de primera división?
-Ahí es distinto. Todo está más controlado y hay mucha seguridad. En esos momentos sólo se disfruta del entorno y se puede apreciar la emoción y la pasión con la cual la gente vive los partidos. Sobre todo en los "superclásicos".
-¿Es cierto que los insultos no te desconcentran?
-A mucha gente le cuesta creerlo, pero es así. Cuando estás en el partido, estás tan metido controlando tantas cosas, que sólo se percibe el rumor de la cancha y los cánticos de la gente.
-Tuviste la chance de estar en siete Boca-Ríver, ¿eso exige una preparación previa especial?
-Eso también es un mito. Aquellos que tenemos que dirigir esperamos ese partido como a cualquier otro. La responsabilidad es la misma, juegue quien juegue. Es la gente la que lo vive con mayor intensidad. Nosotros sólo tenemos que aplicar el reglamento, sin importar la camiseta que sea.
-Muchos de tus colegas dicen que es más difícil lidiar con jugadores sudamericanos, que con los europeos.
-Eso sí es cierto. El jugador sudamericano es muy pícaro y siempre trata de sacar alguna ventaja. Los argentinos son muy bravos, pero también los uruguayos y brasileños tienen sus mañas. Eso te obliga a estar mucho más concentrado.
-¿Te quedó alguna cuenta pendiente en tu carrera?
-Podría decirse que sólo me faltó dirigir un Mundial de mayores. Eso hubiera sido un broche de oro para mi carrera. Pero no se pudo dar.
((Lea la nota completa en la edición de papel del sábado 21/1))
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