Opinión

11.03.2007

Una herida que no cicatriza

Escribe: Emiliano Zuazquita / Subdirector de La Vanguardia

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Todos nos vamos a morir. No tengo miedo: me codeo con la muerte todos los días. Mi madre murió a los 91 años, mi padre a los 86; pero eso no quiere decir nada. Por eso cada día hay que tratar de hacer lo mejor para uno, la familia y la sociedad. Lo que va a quedar es el recuerdo".
René Favaloro

Una herida que no cicatriza. A su regresó a la Argentina en 1971, con la determinación de poner al servicio de la sociedad que lo vio nacer su prestigio y méritos en aras de lograr que la medicina estuviera al alcance de todos, el doctor René Favaloro se hizo cargo del Departamento de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares del Sanatorio Güemes. Desde entonces su prestigio fue en aumento hasta organizar la Fundación Favaloro, que ha realizado decenas de trasplantes de corazón en el país y le ha significado a miles de argentinos, entre ellos muchos balcarceños, una esperanza de vida.
En Argentina, los reconocimientos y las decisiones, sobre todo políticas, siempre  llegan tarde, o al menos, no el tiempo que la sociedad espera. Elías Canetti, premio Nobel de Literatura escribió que “la humanidad sólo está indefensa allí donde carece de memoria”.
En nuestro país muy pocos son los que le otorgan el verdadero valor a las figuras que, como Favaloro, han significado un notable aporte para la sociedad. La medicina dicen que es una profesión maravillosa porque permite un contacto humano único, diferente a cualquier otro.
Es evidente que la modernidad trajo aparejados cambios valiosos en relación con la salud; confort, conocimientos sólidos y hasta métodos de diagnósticos más precisos. Ahora bien, en todo este nuevo tiempo nadie parece acordarse del factor humano, ese mismo que emocionaba a Favaloro cuando hablaba en público.
Es que la vida de hoy no da respiro, ni siquiera para la medicina. Pero en ocasiones es necesario cambiar el ritmo y mirar a los costados para que la historia no nos siga pareciendo contemporánea. Debemos asumir las culpas del pasado como un acto de valentía que nos permita entender que Favaloro todavía tenía mucho que hacer en este país y que su tiempo y las circunstancias no debieron ser las que fueron. Aquí también por supuesto cabe la responsabilidad del Gobierno que le soltó la mano al cirujano en el momento que más la necesitaba. Es que en este país, los ídolos, los ilustres suelen terminar peor de lo que alguna vez pudieron imaginar.  
Favaloro fue un tipo que nunca tuvo pelos en la lengua, denunció la corrupción de la dirigencia política y batalló incansablemente por una medicina social al servicio del hombre. Le gustaba hablar sobre casi todos los temas, con palabras sencillas pero cargadas de crudeza lógica, que normalmente provocaban rechazo en los sectores de poder. Abrumado por un Estado ausente y por el desplante del sector político, Favaloro se suicidó el 29 de julio de 2000, a los 77 años de edad, paradójicamente de un disparo al corazón.
El cardiocirujano e inventor del by-pass cardíaco fue una autoridad mundial de la ciencia. En 1997 había dicho: “La crisis en el sistema de salud es un problema serio que irá empeorando si no se toman medidas en el corto plazo. Los índices de mortalidad infantil, pobreza y bajo nivel educativo reflejan que el país ha retrocedido en estos temas claves”. Lamentablemente hoy, a casi siete años de su muerte, no muchas cosas   han cambiado…


 

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