Escribe: Emiliano Zuazquita. Subdirector del Diario La Vanguardia.
En Defensa de la Utopía, Tomás Eloy Martínez explica que “el lector no se sacia con el escándalo sino con la investigación honesta, no se aplaca con golpes de efecto sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se los distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se los respeta con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña al fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta”.
Así, La Vanguardia, después de publicar un informe especial sobre el consumo de PACO en Balcarce, se sumó junto a la Cooperativa de Electricidad en una cruzada sin precedente. Llegar a casi 20 mil hogares con el sólo objetivo de alertar sobre una situación preocupante como la drogadicción. La respuesta de la gente fue inmediata y masiva. Y eso es una buena señal.
En nuestra ciudad, las adicciones han pasado a ser comportamientos relevantes que van a signar, como estigma, a la sociedad de estos años.
Aquí, resulta vital no sólo hablar y debatir sobre el consumo de drogas "ilegales" (marihuana, cocaína y otras), sino también de aquellas que tienen libre circulación, y cuya ingesta está socialmente propiciada como por ejemplo alcohol y psicofármacos. Es que el abuso de sustancias, apuntado por especialistas, daña no sólo al organismo y los sistemas de producción del pensamiento del consumidor, sino que lesiona la trama familiar y al tejido comunitario. La crónica periodística abunda diariamente en hechos donde la violencia irracional se articula con el consumo de sustancias, potenciándose mutuamente y conformando una dupla que encontramos presente en contextos urbanos conflictivos que se dan, por supuesto, también en Balcarce.
El problema adquiere caracteres dramáticos cuando constatamos cómo una geografía de carencias erosiona los dispositivos familiares de sostén y contención, abonando un sendero de frustraciones posteriores.
Bien sabemos que la escuela no es una isla, sino que por el contrario es parte y expresión de la sociedad de donde emerge. Por tanto, esta problemática de consumo del PACO y violencia debe ser motivo de preocupaciones frecuentes tanto de docentes como de directivos, y también de otros sectores de la comunidad que a veces se sienten impotentes para generar las respuestas adecuadas a este fenómeno.
En este contexto, el objetivo sólo puede estar relacionado con la inmediatez de un debate sobre el tema, y con el compromiso de todos en aportar algunas ideas que puedan servir a aquellos preocupados por resolver estas situaciones conflictivas que pueden tener consecuencias devastadoras. De allí que en el planteo de estrategias preventivas en la escuela debe hacerse hincapié en la prevención para así lograr que púberes y adolescentes puedan llegar a una equilibrada construcción de su persona y generar así los recursos internos adecuados para afrontar los desafíos que les plantea la vida.
