Escribe Leonardo Clasadonte. Director de La Vanguardia
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El periodismo es, desde mi punto de vista, la profesión que te permite estar sentado en el ringside de la vida, mirando los acontecimientos desde muy cerca y con la enorme responsabilidad de transmitirlos de la manera más veraz.
Esta semana vivimos los días más intensos en cuanto a información desde que comenzó el 2007.
El vecino Colarusso cansado de ser víctima de los delincuentes intentó hacer justicia por mano propia.
¿Pero en verdad fue ese delito lo que desató la ira del vecino?. El robo que sufrió esta semana solo fue la gota que rebalsó el vaso.
Colarusso no dijo nada distinto de lo que la mayoría de los argentinos pensamos. Reclamó que quienes tienen la obligación de trabajar para solucionar los problemas de la gente, lo hagan de una buena vez y dejen de decir “con eso no podemos hacer nada”.
Pidió que se terminen las promesas y el doble discurso, por supuesto, lo hizo con sus palabras, fue directo y sin vueltas: “que se pongan a laburar o que se vayan”, “cuando lleguemos al Concejo que se aten los calzones”, “parece que están solo para cobrar los sueldos”. Una sola cosa diferenció a Colarusso del resto de la sociedad. El tuvo el coraje de decir a los gritos lo que los demás no se animan.
Cuando transmitimos en directo por la radio los 40 minutos de bronca del vecino, los llamados telefónicos de los oyentes eran continuos por las tres líneas telefónicas de la emisora al mismo tiempo. Todos, absolutamente todos, le daban la razón con respecto a sus opiniones sobre los políticos de turno de todos los sectores.
¿Sirvió este llamado de atención a nuestros representantes? Ninguno acusó recibo, es más muchos de los que se hicieron presentes en el lugar desde donde Colarusso reclamaba “compromiso”, después dejaron su banca vacía en la primera sesión del Concejo deliberante. Donde debían debatir temas que hacen a los problemas de la gente.
No hay dudas que la idea de justicia por mano propia fue un error. El único perjudicado en estos casos es individuo que busca justicia. Pero sí fue muy acertado cuando el vecino propone crear una agrupación de gente honesta y trabajadora.
Esa sí es una brillante propuesta. Balcarceños honrados que se unen para exigir y controlar a quienes “dicen” tener vocación para trabajar por la gente.
Después de todo, la política debe ser la herramienta por la cual un grupo de ciudadanos ponen en marcha acciones tendientes a mejorar la calidad de vida de quienes quieren representar. No está nada mal que el resto los controle.
Muchas cosas importantes pasaron esta semana, las que analizamos en profundidad en esta edición, pero no quiero finalizar esta columna haciendo mención del atentado que sufrió en la noche del viernes el intendente Erreguerena. ¿Quién fue?, ¿Por qué lo hicieron?, ¿Cuáles son los límites? Muchas son las preguntas que no tienen respuesta.
Solo se puede decir que es verdaderamente lamentable.
La gente está soportando , mira y observa.
Piensa y analiza en silencio. Algunos no aguantan más y con todo derecho, gritan su verdad a los cuatro vientos.
Estamos llegando a límites peligrosos.
La paciencia de la gente también tiene un límite.
