Opinión

22.04.2007

Opinión. Futuro incierto

Escribe: Emiliano Zuazquita / Subdirector de La Vanguardia

En un año de elecciones y en medio de la carrera por la intendencia, a la que ya se sumaron varios dirigentes e incluso el propio jefe comunal, Carlos Erreguerena, todo lo que sucede en Balcarce, parece tener connotaciones “políticas”. Así, las medidas de fuerza de los empleados municipales, que reclaman un aumento del básico, fueron calificadas de “políticas”, el rechazo de la tasa para salud por parte del Concejo Deliberante fue un hecho “político”, la queja de un vecino por las inundaciones y hasta las acciones oficiales explicando en parte lo sucedido y la denuncia del “sabotaje hidráulico” fueron denominadas como maniobras “políticas”.  
Por oposición al discurso imperante, la palabra “político” comenzó a interpretarse como parte de un mecanismo perverso destinado a perjudicar a quienes ejercen el poder de turno. Según parece, al igual que en el resto del país, en Balcarce la palabra “político” ha comenzado a utilizarse con un único sentido peyorativo.
Como menciona el ensayista y crítico Arturo Jauretche, en Política nacional y revisionismo histórico, “Para una política realista la realidad está construida de ayer y de mañana; de fines y de medios, de antecedentes y de consecuentes, de causas y concausas. Véase entonces la importancia de la política del conocimiento de una historia auténtica; sin ella no es posible el conocimiento del presente, y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será, que no por difuso es inaccesible e incomprensible”.
Así las cosas, no es muy alentador el horizonte que se observa hacia las elecciones de octubre. Según parece, lo que es bueno para algunos, no es necesariamente bueno para el resto de la sociedad y ahí es donde se produce esa distancia que existe en la actualidad entre los que legislan y toman decisiones y los que, desde otro ámbito, sufren las consecuencias de las promesas incumplidas y el asistencialismo vinculado con lo peor de la política. 
Al intentar desmarañar la historia política más contemporánea nos encontramos con algunas conclusiones que en este tiempo vale mencionar. Los políticos siguen, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, divorciados con la realidad que los rodea; continúan apostando al discurso triunfalista basado en un pensamiento único; agudizan la separación creciente de actores políticos y los ciudadanos; manifiestan una amnesia repentina cuando hablan de la famosa “reforma política” y así sigue la lista.
Frente a este panorama como antesala de un futuro incierto, sería razonable suponer que la clase política tome el compromiso de hacer un esfuerzo realmente heroico por encontrar soluciones para la multitud de problemas que tiene la gente y no sólo obedecen a este tiempo, sino que es una clara situación de arrastre a lo largo de los años.
Faltan algo más de 200 días para las elecciones de octubre. La señales que hoy se reciben de la clase política no son concretas ni mucho menos atractivas, aunque si existen dirigentes que, en silencio, trabajan con el objetivo de construir una ciudad mejor para todos.
Quizás ese estímulo, insignificante ante la marea de denuncias, agresiones y peleas por el poder que existe hoy, se transforme en poco tiempo en el comienzo del final de una manera de hacer política y le de paso a un nuevo y auspicioso proyecto de país al que todos, como ciudadanos y protagonistas centrales de la historia, debemos adherir con grandeza de ánimo y sin rencores ni resentimientos.

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