Por: Leonardo Clasadonte. Director de La Vanguardia
L
a historia oficial cuenta que Belgrano creó la bandera y nada más. Lo ha condenado a ser solamente esto, dejando de lado aspectos fundamentales de su vida.
Lo cierto es que la grandeza de Belgrano estuvo relacionada precisamente con sus ideas.
Fue abogado de profesión, economista y educador. Su padre lo envió a España. En una de las paredes de la universidad de Salamanca figura su nombre entre los alumnos célebres que han pasado por esas aulas. Es ahí donde Belgrano recoge toda la educación europea de la época.
Algo destacable es que sus excelentes calificaciones le hacen obtener el permiso papal para poder leer libros prohibidos. El permiso decía que podía leer y retener todos los libros de autores condenados y aún herejes. A todos ellos los leía en sus idiomas originales: francés, italiano e inglés.
Belgrano nació en una familia de muy buena posición económica y social, que procuró que él tenga la mejor formación. Esto trajo como consecuencia que fuera designado secretario del Consulado. Un cargo que habitualmente era para los españoles, porque desde ahí se controlaba el comercio monopólico entre la metrópoli y su colonia rioplatense.
Ese sin lugar a dudas era un lugar para hacerse rico, no tanto por el salario, sino por la posibilidad de lucrar por izquierda, con las habituales violaciones a las reglas comerciales. Belgrano entró a la revolución muy rico y terminó en la miseria.
Comenzó desde allí su lucha contra el monopolio mercantil con el que su propio padre se había enriquecido. Su padre era un genovés que integró en núcleo de los comerciantes importantes de la ciudad, según dicen los libros de historia, pero en realidad otros dicen que era contrabandista, porque en Buenos Aires los comerciantes se enriquecían con el contrabando. Era un italiano que llega al Río de la Plata y se desarrolla y progresa dentro del sistema monopólico mercantil.
Pero cuando su hijo Manuel regresa de estudiar de España, como secretario del Consulado, hace todo lo posible para que se termine este régimen prebendario y hace que se promuevan la agricultura y la industria.
Belgrano decía: “ la importación de mercaderías que impiden el consumo de las del país, o que perjudican el proceso de sus manufacturas, y de su cultivo, lleva tras de sí necesariamente la ruina de la nación”. Insistía en que el país debía industrializarse: “ Ni la agricultura ni el comercio serían casi en ningún caso suficientes para establecer la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la industria”.
Es casi imposible que al leer, nuestra mente no realice una comparación paralela con la actualidad. Por eso creo que compartir esta semana estos párrafos que leí hace ya tiempo de un apasionante libro, era la mejor manera de rendirle un sencillo homenaje a quien creó mucho más que la bandera.
