Editorial aniversario. Emiliano Zuazquita Sub-director de La Vanguardia
Fue un año de puro crecimiento. Eso nos alienta y nos motiva de manera muy especial. Pero también nos compromete y nos obliga a superarnos. Básicamente porque entendemos que nuestra tarea debe perfeccionarse cada día en busca de la excelencia.
La Vanguardia creció y se instaló en la consideración popular porque es un medio que desde sus comienzos apostó y apuesta a la revolución tecnológica, a las nuevas formas de producción, y fundamentalmente al periodismo de investigación. Sin dudas, todos estos cambios han transformado de manera positiva nuestra profesión de periodista. Los que de alguna manera encarnamos el nuevo periodismo nos vemos obligados a ser, cada vez, mejores periodistas: por eso estamos dispuestos a aprender constantemente para ofrecer, a un lector más exigente y atento, lo que va a demandar: no sólo información, sino análisis, reflexión, opinión y calidad narrativa. Sabemos que el periodismo gráfico casi estuvo obligado a mutar para poder estar a la altura de las circunstancias y competir en un mercado en donde sólo los que son creíbles y están consolidados como medio de comunicación podrán sobrevivir.
En este año se habló mucho de los ataques directos y subrepticios al periodismo independiente, las agresiones verbales y el desprecio hacia la actividad profesional. Por eso, y salvando las distancias, desde nuestro humilde lugar seguimos apostando a la independencia, a los valores y a la ética, porque entendemos, en definitiva, que ese es el único camino que debemos recorrer.
Por otra parte, como una muestra más del crecimiento sostenido, y como la tendencia muestra que las ediciones electrónicas de los diarios van desplazando, de a poco pero de manera sistemática al papel, nació La Vanguardia on line. De esta manera, en menos de un año hemos logrado diversificar nuestro contenido y pusimos al lector a un click de distancia de la información. Esto nos obligó a redoblar nuestros esfuerzos y a reorganizar nuestra estructura periodística en pos de optimizar todos los recursos humanos y tecnológicos con los que contamos. La cercanía y la buena recepción que tiene La Vanguardia en la gente, sumado a las firmas relevantes que nos acompañan porque creen en el producto, las grandes coberturas, las exclusivas, el periodismo social, y la identidad que le dieron sus cronistas, han hecho de este medio de comunicación una marca registrada. Para ello fue necesario mejorar permanentemente nuestros contenidos, diseños y sistemas de distribución para poder mantenernos en la primera fila de la oferta, privilegiando la agilidad de lectura, el rigor informativo, la pluralidad de opiniones, con un espíritu abierto y receptivo a todas las tendencias, prioridad a la noticia, y una sección dedicada exclusivamente a la cultura. En este año de vida, La Vanguardia ha sabido construir una línea editorial propia y una identidad clara y reconocida, basada en la realidad de los hechos y en el compromiso que todos los días se percibe en la redacción.
A lo largo de estos doce meses, hemos intentado contar la realidad desde otra perspectiva, con profundidad y análisis. En cada informe, en cada crónica, La Vanguardia dejó su sello. Porque indagó, investigó, contó y hasta orientó con el peso de su influencia y de su opinión con objetividad periodística y neutralidad informativa.
Para nosotros el periodismo requiere de la pasión, y hasta de la obsesión cuando en los hechos que contamos está en juego la vida de muchas personas. Esa pasión, estamos seguros, nos ayudará hoy y en los años venideros en la tarea que tenemos por delante y que pretendemos resolver simplemente con un acto de fe en el periodismo: porque pretendemos seguir siendo nosotros mismos, seguir siendo La Vanguardia.
