Opinión

07.05.2006

Cuidemos a nuestra juventud

Escribe: Prof. Luis Alberto Vildoza. Director de E.E.M N*3 Carmelo Sanchez

A diario nos informamos a través de los distintos medios de comunicación locales, regionales, provinciales o nacionales de la problemática social referida al consumo de alcohol, droga y tabaco, cada vez en constante incremento; particularmente en una franja donde se está ingresando a la adolescencia o quizás antes, en edades que oscilan entre los 11 a 17 años, plena etapa de desarrollo físico-psíquico y obviamente espiritual.
Nos preguntamos con particular preocupación quiénes estamos luchando para que nuestros niños, adolescentes y jóvenes tengan y aseguren un mundo mejor, qué herramientas están fallando para que este flagelo tenga en la actualidad particular éxito.
Es indudable que el rol de la familia juega un papel protagónico y es allí donde se circunscriben las mayores responsabilidades que nos asisten a los adultos, dentro de una sociedad que como la nuestra posee las condiciones ideales para lograr una adecuada formación psico-espiritual en nuestros hijos.
Balcarce no es una comunidad grande territorialmente hablando; diríamos que por suerte convivimos en un medio donde casi todos nos conocemos o al menos sabemos de quién se trata. Conocemos quiénes son los amigos o compañeros de nuestros hijos, qué hábitos tienen y cómo piensan. Por ello, es parte de las obligaciones del adulto  cada uno en su función- responder responsablemente a las expectativas de nuestra juventud, que tiene el derecho a convivir en entornos sanos esté donde esté. Si es en una escuela, otorgarle todo lo necesario para que la permanencia en la misma sea significativa para trascender en la vida ya sea en lo laboral o en lo profesional. Si es en lugares de diversión  donde asisten semanalmente para compartir momentos con amigos y compañeros- la  no venta de alcohol o droga por parte de  adultos contribuye a otorgarle seriedad al local. Si es en la calle, el control y cuidado por parte de los agentes policiales y de seguridad para garantizar el libre tránsito y sin riesgos de la presencia de grupos patoteros.
Por otra parte, la promoción de actividades deportivas a través de las instituciones que exalten el valor de los mismos y generen los suficientes anticuerpos para alejar a la juventud de flagelos como los mencionados.
Por todo lo expuesto podemos señalar que la tarea que nos espera no es menor ni transitoria. Es permanente hasta tener la certeza de que el deber ha sido cumplido y que nos disponemos a observar con satisfacción nuestra  labor dedicada a lo más sagrado que son nuestros hijos

Breves

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