Por Emiliano Zuazquita / Sub director Diario La Vanguardia
Salvo algunas excepciones, en la actualidad todos los políticos dicen no ser candidatos a nada. Paralelamente todos reafirman que si las encuestas y los sondeos son positivos respecto de la imagen evaluarían la posibilidad de candidatearse a intendente en las elecciones previstas para el año que viene.
A veces la política se compone de acciones y reacciones directas, aunque sean tardías y no estén en consonancia con determinadas posturas o hechos de significancia para una comunidad como Balcarce. Pero otras veces la política se nutre de gestos sin palabras, acciones que en apariencia nada tiene que ver entre sí, pero que guardan un sentido claro y teledirigido más allá de cualquier perspectiva. Es que detrás de toda esa pantalla están las intenciones de quienes quieren llegar al poder. Durante la semana en Balcarce aparecieron afiches con la leyenda “Aníbal Fernández gobernador”. Este episodio, no menor a la hora del análisis general, revela y deja en claro que la campaña para 2007 comenzó hace rato y que todas las opiniones, cuestionamientos y eventuales adhesiones a una determinada gestión de gobierno, forman parte de una actitud política y directamente relacionada con la necesidad de posicionarse de cara a un año clave, asumiendo, por cierto, los costos de esa carrera que suele dejar a varios de los candidatos a mitad de camino.
Es cierto que la imagen de los dirigentes políticos sigue en los niveles más bajos. Pero no es menos cierto que la responsabilidad de la sociedad en que esa imagen repunte no se hace sentir, al margen de que la participación sigue siendo, al menos en Balcarce, muy limitada, habilitando de esta manera la permanencia de aquellos a quienes se critica y la aparición de nuevos viejos dirigentes que se aprovechan de la indiferencia colectiva. Al momento de decidir el liderazgo, pesan cuatro factores. El primero es la disposición de un aparato y de un electorado cautivo, aspecto que en nuestra ciudad favorece claramente a candidatos que juegan en el oficialismo o las fracciones más fuertes del justicialismo o el Frente para la Vitoria. El handicap de estos candidatos, sin embargo, radica en su pertenencia a una desprestigiada clase política. El segundo factor es el apoyo empresario, gremial y de los sectores más fuertes de la comunidad. El tercer aspecto es el de imagen frente al electorado, elemento subjetivo difícil de anticipar, pero en el que parecen tener ventajas figuras nuevas, o que todavía no han accedido a un cargo determinante como puede ser el de intendente. El cuarto criterio es el ideológico. En este sentido, lo que puede llegar a pasar es una verdadera incógnita ya que la mayoría de los candidatos sufre de una especie de crisis de identidad política asociada a los frecuentes cambios y las fusiones de partidos. Frente a este escenario, aparecen dos alianzas naturales. Por un lado la del peronismo y por otro la del radicalismo con otras agrupaciones políticas que pueden estar ligadas al vecinalismo, el socialismo o al macrismo en menor medida. Si bien todavía no se oyen altoparlantes, no hay en la plaza chicas repartiendo volantes, y no se ven tantas remeras, pasacalles y otros souvenirs de campaña, está claro que en Balcarce la carrera para 2007 ya comenzó. A esta altura es muy prematuro seguir especulando sobre las posibles derivaciones políticas de estas incipientes candidaturas. Mientras tanto, todos buscan posicionarse reinventándose de acuerdo a la necesidad del momento. Más allá de todas estas cuestiones relacionadas con la personalidad de los “candidatos”, está claro que los hombres y las mujeres que estén pensando seriamente en ser intendente en 2007 necesitarán indefectiblemente de un espíritu superador de la política promedio que vemos a diario, de un diagnóstico correcto y profundo de la realidad de la ciudad, y fundamentalmente de una propuesta política que sirva a la gente. Si bien en Balcarce como en el resto del país la política cambia como el rating de la TV, minuto a minuto, ésta parece ser la única receta capaz de devolver la esperanza de una política sin corrupción y de una clase dirigente comprometida con cada uno de los balcarceños.
